Leo explicaciones sobre el porqué de la popularidad del presidente de México, López Obrador; todas son correctas: habilidad para comunicar, conexión con su base, estrategia de polarización, etc. Aquí trato de sintetizar y de agregar explicaciones. Esto se escribe a escasos 70 días de gobierno, aunque su control sobre la agenda inició desde hace más de 200 días (el 2 de julio del 2018) y tiene control sobre órganos legislativos hace más de 150 (desde el primero de septiembre).

1. Primero recordemos por qué ganó, no fue porque formó un partido, no fue por sus promesas, no fue porque otros candidatos fueran malos, su triunfo se debió a varios factores:

a. El enojo, hartazgo, coraje o como quiera decirse de una población harta de gobiernos ineficientes y corruptos de todos los partidos en todos los niveles; gobiernos con mucha insensibilidad, sin liderazgos reales, en medio de una ola creciente de inseguridad que se percibía como cómplice;

b. La impunidad de que gozaban los gobernantes que con soberbia seguían “pavoneándose” y actuando sin miedo al castigo;

c. La construcción de un personaje “víctima del sistema”, habían intentado desaforarlo, encarcelarlo, lo acusaban de ligas con Chávez o Maduro, todo lo que fuera por destruirlo, y así le ayudaron construirse como el alter ego de lo que él llamó primero con éxito “mafia del poder”, “PRIAN” en campaña, y después como “Fifís” (o conservadores), es decir, declaró dos polos, los que estaban con él y los que estaban con todo lo malo del país.

d. Generó alrededor de su figura UN MOVIMIENTO, no un partido, imaginemos una marcha, a esa marcha se pueden ir sumando todos los que quieran, no importa su pasado, importa su coincidencia en el destino, quien se una al movimiento debe coincidir en el diagnóstico de país y en la propuesta de AMLO, así vimos que se le unían lo mismo políticos provenientes de los gobiernos del PAN, del PRI, y sobre todo que vaciaba al otrora considerado partido de izquierda, el PRD.

2. Como presidente, su ritmo de trabajo ha sido intenso con errores y problemas, muchos analistas insisten en preguntar por qué no baja su aprobación después de la cancelación del aeropuerto; la generación de desabasto de gasolina por combatir el huachicoleo; su negativa a desalojar a los maestros de la CNTE que bloquean trenes; su propuesta de Guardia Nacional contradiciendo su postura en campaña; su negativa a rechazar el gobierno de Nicolás Maduro y eso por mencionar sólo algunas cosas; con cualquiera de ellas sus antecesores habrían sufrido, él no.

La diferencia es que AMLO aún no es visto como el presidente “culpable” sino como el luchador social “justiciero”, sus posturas y sus proyectos tienen que ver más con la lucha contra la mafia del poder que con la solución inmediata de problemas.

3. Aunque sé que esto puede molestar a muchos, sus programas sociales no son los que soportan su popularidad; éstos aún están en proceso de definición de reglas de operación, pero son una bandera que le genera un grupo de población con alta expectativa de beneficiarse de ellos (para ser equilibrado diremos que ya algunos, pocos, ya los reciben); esto no es una mala noticia para el presidente, al contrario, si hoy tiene alta evaluación, es de imaginar que cuando funcionen puede incrementarla, aunque también existe el peligro de que la expectativa sea tan alta que haya algunos decepcionados.

4. Su comunicación diaria, con un estilo coloquial lleno de refranes, dichos y palabras populares, siempre contienen dos elementos centrales:

a. Nos recuerda que el monstruo sigue ahí, que no ha sido vencido y que para vencerlo se requerirá tiempo y sacrificios de todos; pide tener paciencia pero mostrando y recordando los niveles de corrupción de los gobiernos anteriores, englobándolos a todos en uno solo.

b. Habla siempre de los programas sociales que vienen, de su objetivo y de su razón de ser, de la justicia social que los valida y de la forma en que se implemetarán para evitar la corrupción.

En otras palabras, de manera nada sutil nos recuerda varias veces al día sobre todo la razón por la que su movimiento ganó y nos dice lo que va a lograr, esto es claramente una continuación de su campaña electoral, y al hacerlo de manera tan intensa, es una forma de mantener el MOVIMIENTO.

Repito, la popularidad de López Obrador se mantiene y ha crecido por su habilidad de mantener el movimiento que lo llevó al poder, no por sus promesas, no por hablar diario, no por sus programas sociales, es la conjunción de todo lo que lo sigue mostrando como un líder en movimiento, lo hace muy bien.

¿Dónde se puede atorar? Insisto que de tres variables fundamentales, sólo veo una peligrosa para su popularidad:

a. La economía puede no ser para el país lo que él espera, pero no le mermará en el corto plazo popularidad, su obsesión no es la macro sino la microeconomía que atenderá con programas sociales.

b. La corrupción no lo alcanzará; aunque se descubran actos de corrupción de su equipo él se mantendrá alejado, cualquier intento de acercarle la lumbre será descalificado y creo que con razón, no es un presidente que pretenda enriquecerse en el cargo y sí lo veo castigando corruptos aunque sean cercanos.

c. La inseguridad puede ser su talón de Aquiles, ésta no se acaba por decreto ni formando sólo la Guardia Nacional, no vemos una disminución sensible de los delitos y si sigue pasando el tiempo y no lo sentimos puede pagarlo en popularidad.

Por lo pronto, tenemos un presidente inusualmente popular en estos tiempos, con una base sólida de apoyo, pero no sin riesgos de caer.

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Roy Campos

Presidente de Consulta-Mitofsky

Números, Opinión y Política

Presidente de Consulta-Mitofsky, Actuarío y de Matemático por la UNAM, con maestrías de Estadística y Actuaría en el Centro Interamericano de Estudios de Seguridad Social, y Diplomados en Análisis Político, en Alta Dirección Empresarial y en Mercadotecnia entre otros. Imparte cursos de Estadística, de Matemáticas y de mercadotecnia política en varios países, conferencista permanente sobre temas relacionados a la investigación, a la política y a los medios de comunicación.