Estamos  a un metro del 6 de junio, escribe Montserrat Loyde, quien desde Japón analiza cotidianamente lo que sucede en México desde hace muchos años. La frase es genial: sintetiza el impacto que puede tener una tragedia en el destino político inmediato. 

Ese impacto se sintió tras el sismo de 1985 en la Ciudad de México, tras las explosiones de 1992 en Guadalajara y tras los atentados de 2004 en Atocha, por mencionar sólo algunas desgracias conocidas. ¿Se sentirá en 2021? ¿En dónde? ¿En la votación nacional, en la votación de estados, en la votación capitalina?

La imagen de Claudia Sheinbaum, jefa de gobierno de la Ciudad de México, ya recibió el efecto Metro, y eso que ella sí ha estado presente -desde el principio- para atender y responder por la caída de dos vagones en Tláhuac.

Las más recientes encuestas le quitan fuerza (casi 15 puntos) a la morenista, algo que sólo había logrado en tan poco tiempo Layda Sansores en Campeche, pero Sheinbaum no estará en la boleta... y ya que estoy viendo a Sansores, ¿tendrá algún impacto en su estado que la marca Morena esté relacionada con la muerte de 26 capitalinos y decenas de heridos? Lo dudo mucho. La dinámica estatal es muy poderosa: la marca Sansores es conocida, el delfín del gobernador priista va pisando fuerte con la estructura tricolor de siempre y el panista que se fue a Movimiento Ciudadano es un líder político con más carisma que los otros dos, así que no creo que los campechanos estén viendo a Tláhuac. 

Algo similar pasa en el resto de los estados. Ya se ha dicho, el 6 de junio será un día de respuestas locales con impacto nacional, y son las lógicas estatales las que mandan, aunque la Fiscalía mueva fichas. 

Pero entonces, ¿le pegará al bastión chilango la muerte de sus ciudadanos? Trataré de explicar por qué lo dudo. Sucedió en Tláhuac, pero aquí se siente como si hubiera sucedido en la Secretaría de Relaciones Exteriores. Los candidatos en Tláhuac no tienen vela en el entierro, no sólo porque los alcaldes sólo ven pasar el metro de lejos, sino porque no se perciben vinculados a Marcelo Ebrard, a Miguel Ángel Mancera, a Claudia Sheinbaum o a una empresa constructora. 

En otras alcaldías, la lógica también pasa por encima del zócalo sin detenerse. Ni Víctor Romo en Miguel Hidalgo, ni Dolores Padierna en Cuauhtémoc o Clara Brugada en Iztapalapa, por mencionar sólo tres, reciben ecos del enojo ciudadano que va contra el PRD, contra Morena, contra el gobierno de Sheinbaum y contra un pilar de la 4T nacional. Recibirán otros jitomates en el rostro, pero no los del efecto Metro. Es cierto que no podrán contar con la jefa de gobierno en sus mítines pero a) está prohibido y b) ella no es estrellita de tarimas. Así que por ahí tampoco. 

En donde sospecho que tendrá un impacto mayor es en donde los liderazgos individuales no son tan importantes como la marca del partido, es decir, en las elecciones legislativas. No sólo en la federal, sino en las elecciones para congresos estatales. Ahí sí, no hay Romo que valga, es la marca Morena, la que hoy gobierna, la que requiere un castigo por currículum y no un cheque por promesas. El lugar en donde se puede reflejar el disgusto es en la boleta que recibe como ninguna otra las preferencias de marca, es decir, la de diputados. 

Estamos a un metro del 6 de junio y a los candidatos a diputados de Morena se les retiró el velo tan primorosamente bordado cada mañana por su tejedor. Ahí sí, estamos a un metro de que vean lo frágil que puede ser una marca. 

PD. Por la libertad de expresión, no más ataques a los periodistas desde Presidencia.

Ivabelle Arroyo

Politóloga

La Sopa

Ivabelle Arroyo Ulloa es politóloga y analista, con 24 años de trayectoria periodística. Es jurado del Premio Alemán de Periodismo Walter Reuter en México. Dirige una revista digital sobre política capitalina y escribe para medios jaliscienses.

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