El problema migratorio será eterno, ocupará los primeros lugares de la agenda mientras el vecino necesite brazos y los mexicanos estén urgidos de oportunidades, en tanto tengan problemas económicos y sociales Honduras, Guatemala, Nicaragua, El Salvador, Cuba y en fechas recientes Venezuela.

La frase NO VENGAN es autoría del presidente Biden y Kamala Harris solo la reprodujo en su visita a Guatemala. Los traficantes vendieron la idea de que el nuevo gobierno de Estados Unidos le daba la bienvenida a los migrantes y se la compraron completa, en un par de meses decenas de miles ya buscaban internarse por la vía legal o como indocumentados.

Los republicanos aprovecharon el regalo y sin la estridencia de Trump le devolvieron a los demócratas el dardo envenenado, en especial el de los niños no acompañados que por miles arribaron a la frontera, entre ellos una recién nacida en brazos de su hermana de cinco años.

Con la llegada del nuevo gobierno la lista de pendientes de urgente resolución creció, la frontera se sobrecalentó de Baja California a Tamaulipas, los empresarios del sector energético lanzaron la queja por el golpe que el gobierno de López Obrador les hizo sentir al cerrarle la puerta a las inversiones que llegaron de la mano de las reformas estructurales y del tratado de libre comercio, el poderoso sindicato AFLCIO se molestó por abusos contra trabajadores de una planta en Matamoros, vino la escasez de chips y de súbito se reanudó la incursión de mexicanos indocumentados tratando de cruzar la línea.

A pesar del amasiato con Donald Trump, los encuentros bilaterales de alto nivel eran esporádicos, ahora van dos citas virtuales entre los mandatarios y otras dos de López Obrador con la vicepresidenta, pero, sobre todo, no vinieron a México tantos funcionarios de alto nivel en tan poco tiempo, lo que en buen cristiano se traduce en que las presiones que está sintiendo Joe Biden van más allá del cruce fronterizo.

En menos de un mes estuvieron de visita personal del primer nivel de la CIA, la vicepresidenta Harris, el Secretario Mayorkas y por si faltara algo se anuncia a Ken Salazar para la embajada de Estados Unidos en México. Demasiado para ser casualidad.

El problema migratorio será eterno, ocupará los primeros lugares de la agenda mientras el vecino necesite brazos y los mexicanos estén urgidos de oportunidades, en tanto tengan problemas económicos y sociales Honduras, Guatemala, Nicaragua, El Salvador, Cuba y en fechas recientes Venezuela.

Similar relevancia alcanza el trasiego de drogas, en particular el creciente mercado del fentanilo como base para producir los opioides de Asia o estados como Guerrero.

El presidente Biden está tomando muy en serio la relación con México, decidió hacer a un lado a la exembajadora en México, Roberta Jacobson y le encargo a Kamala Harris los vínculos con México y Centroamérica,

Por lo que hace a la propuesta para la embajada, Ken Salazar es hijo de españoles, pero él se describe como mexicano-estadounidense, es abogado con experiencia como Fiscal de Colorado, un hombre de todas las confianzas de Biden, fueron compañeros en el Senado y en el gabinete de Obama. Se le identifica como un aliado de la industria energética para la que ha trabajado e impulsado sus proyectos.

Salazar deberá ponerle especial énfasis a la migración y tráfico de drogas; pero  en la cartera traerá los asuntos energéticos, asunto medular del proyecto de gobierno de Biden y, claro, por interés propio, sus vínculos con las industrias energéticas son inocultables.

jnaveja@eleconomista.com.mx

Juan María Naveja

Comunicador

Al Margen

Es analista, consultor y conferencista. Autor del libro Periodismo Radiofónico una Revisión Inconclusa, Editorial Porrúa y Coautor de Comunicación Política 2.1 modelo para armar, Editorial Etcétera.

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