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Opinión

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9M, #MeToo, ¿y las empresas?

En la portada de este marzo de la revista Expansión se ve a Ninfa Salinas entre otras “mujeres poderosas” de México.

Junto a la imagen de la presidenta de Grupo Dragón, apuesta energética de Grupo Salinas, se lee la frase: “Se debe crear un entorno en donde se le facilite a cualquiera demostrar talento, particularmente si es mujer”.

Expansión, subiéndose al “mes de la mujer”, presenta un ranking con figuras tan resonadas como María Asunción Aramburuzabala y Martha Debayle, pero también otras que, desde su trinchera, han contribuido a cerrar la brecha de género en las empresas como Martha Herrera, de Cemex, y Laura Tamayo, de Bayer.

Que la hija del dueño de Grupo Salinas figure como una de las mujeres más poderosas en México no extraña, lo que sí llama la atención es que desde su posición de presidenta de una filial de ese grupo empresarial haya dejado pasar el mandamiento corporativo que se ventiló, en torno a descontarles el día a las colaboradoras que se sumaran al paro nacional del 9M.

En las primeras cifras conocidas, el impacto económico de #UnDíaSinNosotras fue entre 37,000 y 43,500 millones de pesos, dependiendo de si hacemos caso al Inegi o a Citibanamex.

Cualquiera de las cifras es similar al costo estimado para reconstruir la Ciudad de México luego de los sismos del 2017 o al presupuesto previsto para echar a andar el nuevo Insabi este año.

Las causas para convocar al paro, a pesar de su altísimo impacto nacional, no fueron gratuitas.

De acuerdo con la ONU, entre nueve y 10 mujeres son asesinadas cada día en México. Del 2015 a la fecha, suman 3,578 feminicidios a nivel nacional y sólo de enero a octubre del 2019 se registraron 833 casos, según el Sistema Nacional de Seguridad Pública.

Con la huelga convocada para el 9M, a la que decenas de empresas rápidamente se alinearon de manera pública, se buscaba visibilizar el impacto que tendría para la economía mexicana la ausencia de mujeres en sus trabajos, escuelas, actividades domésticas, labores de cuidados, etc.

Es aún muy pronto para saber si este paro nacional marcará un punto de partida similar al que significó, hace 45 años, la huelga feminista en Islandia, país que actualmente es considerado uno de los mejores lugares para vivir por su equidad de género.

A marzo le queda aún el revuelo que provoque el aniversario del movimiento #MeToo en México, que visibilizó cientos de denuncias por acoso laboral en contra de escritores, periodistas, fotógrafos, activistas, artistas, políticos, abogados, cineastas, académicos, músicos, entre otros.

Ante las denuncias ventiladas en redes, empresas y organizaciones se vieron obligadas a revisar sus casos de manera interna cuando no forzadas a manifestar una postura pública.

Desde el #MeToo y hasta el 9M, consideró The Washington Post hace unos días, no había existido en México un movimiento tan audaz en la lucha de los derechos de las mujeres.

A pesar de este oleaje, nos queda preguntarnos qué vendrá después, ¿sabrán las empresas mantener el valor de la congruencia ante sus colaboradoras y la sociedad?

Sus posturas públicas deben convertirse en políticas en favor de la equidad y protocolos para atender el acoso e implementarlos, deben reflejarse en acciones reales que permitan a la empresa vivir la perspectiva de género, como lactarios, baños mixtos o, al menos, cambiadores de pañales en ambos sanitarios.

Nos urge a todos que haya al interior de las empresas cada vez más y mejores espacios de decisión para las mujeres y que sean escuchadas, consideradas y valoradas tanto como los hombres para definir el rumbo del sector productivo en México.

*Asesora y periodista en Expok, agencia de consultoría y comunicación en responsabilidad social y sustentabilidad.

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