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Un déjà vu recurrente
En cuestión de días, los inversionistas han pasado del entusiasmo a la decepción. No es algo nuevo, a lo largo del proceso de sanación posterior a la crisis del 2008, momentos como éste se han repetido recurrentemente, generando desesperación y desánimo. Ahora habrá que ver si el nuevo episodio tiene el mismo desenlace que los anteriores.
Hace unas cuantas semanas apenas había una sensación de optimismo entre los inversionistas en los mercados globales. Esta situación correspondía a la convergencia de datos mejores a los esperados referentes al crecimiento de la economía, sobre todo la estadounidense, con una menor percepción de riesgo y con la certeza de que las políticas de relajación monetaria (tasas de interés bajas) prevalecerán por mucho tiempo.
Los dos primeros factores han tenido un viraje adverso. En primera instancia, los datos que se han publicado para la economía de Estados Unidos son menos positivos que los vistos a principios del año.
La información sobre el sector inmobiliario, la producción industrial y, en especial, la referente a la generación de empleo perdieron fuerza. De crearse un promedio superior a 200,000 plazas en los tres primeros meses del año, en abril la creación de empleos apenas fue de 155,000.
Si en Estados Unidos la recuperación pierde fuerza, la expectativa para la economía global resulta afectada, ya que Europa se encuentra en una franca recesión y en China (principal motor de la economía asiática) hay una desaceleración evidente.
Por su parte, la incertidumbre ante la deficiencia del sistema bancario español y los problemas que está enfrentando el gobierno ibérico para generar credibilidad entre los intermediarios se acrecentó ante los resultados de las elecciones en Grecia y Francia, que ponen en duda la vigencia de los acuerdos adoptados previamente para restaurar la grave situación de la deuda soberana de la región.
Estamos de nuevo viendo una decepción en cuanto al crecimiento, combinada con una elevación de la percepción de riesgo. Parece un déjà vu de los dos años previos, en donde después de un comportamiento positivo en los primeros meses se presentaron momentos críticos y, por consecuencia, ajustes importantes en los mercados.
En tales episodios durante el 2012 y el 2011, se necesitó una respuesta enérgica de las autoridades para enderezar el rumbo de los mercados financieros. Tal respuesta tiene como característica principal una fuerte relajación monetaria.
En el 2010, la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) aplicó la segunda etapa del programa de relajamiento cuantitativo, que consiste en recomprar bonos del Tesoro a los intermediarios.
En el 2011, se puso en marcha la Operación Twist, en la que el banco central remplazó deuda de corto plazo por bonos de mayor duración. En noviembre del mismo año, el Banco Central Europeo (BCE) amplio fuertemente la cantidad del dinero en el sistema vía la oferta de créditos preferenciales a los bancos de la región.
En ambos casos, el cierre del año fue menos caótico y las expectativas para el año siguiente mejoraron, aunque fuera unos meses.
¿Podrán hacer lo mismo las autoridades en esta ocasión? Ya hay voces relevantes que, ante la decepción en el crecimiento y lo crítico de los problemas, anticipan una tercera etapa de relajamiento cuantitativo en Estados Unidos. Ya hemos hablado de lo adictos que se han vuelto los mercados al dinero barato y a las medidas de los bancos centrales.
En esta ocasión, las autoridades se preguntan si tiene sentido hacer lo anterior si en los episodios anteriores sólo se ha logrado una mejora temporal. Creo que en esta ocasión apostarán por ser más cautelosos. Se necesita un ajuste mayor de la economía y los mercados que los que vemos ahora para que exista tal reacción.
*Rodolfo Campuzano Meza es director de Estrategia y Gestión de Portafolios de INVEX. Cualquier pregunta o comentario puede ser enviado al correo: perspectivas@invex.com.
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