Si las instituciones financieras bancarias y bursátiles pudieran reconocer su carencia para poder asignar eficientemente los recursos de las entidades superavitarias y canalizarlas adecuadamente a las entidades con necesidades de inversión, tendríamos el mejor sistema financiero del mundo. Un sistema financiero que promueva el crecimiento económico

Existe una idea generalizada, entre los economistas que estudian finanzas, de que el crecimiento económico podría promoverse, sustentarse y acelerarse si existe una buena estructura financiera que haga posible la transferencia de recursos del sector financiero al productivo.

La idea es que un sistema financiero bien integrado y estructurado podría hacer que los recursos que ayudan a las empresas que acuden a los mercados financieros se orienten directamente a las actividades productivas. En ese sentido, si esto fuera cierto, los mercados financieros servirían como los verdaderos intermediarios entre los oferentes y demandantes de recursos financieros.

El problema que vemos cuando se quiere aplicar esta idea a la realidad en nuestro país, es que el sistema financiero mexicano no provee los elementos necesarios para que haya una adecuada relación entre el ahorro y la inversión, pues la determinación de la tasa de interés de equilibrio no tiene nada que ver con la oferta y la demanda.

El asunto es este: los ahorradores en este país no conciben su dinero como inversión, sino sólo lo ahorran como la mejor forma de no perder tanto y el único lugar que conocen es un banco.

Los demandantes de este ahorro, quienes hacen la demanda de inversión, regularmente se encuentran con que el tipo de interés es tan alto que la mejor forma de recurrir al crédito es fuera de los mercados financieros. Cuando el diferencial de tasas es muy grande, significa que los bancos cobran mucho por prestar dinero y pagan muy poco cuando piden prestado. Así, no hay forma de que el ahorro llegue a los inversionistas, por lo tanto, el dinero no llega al sector productivo.

El problema entonces es doble pues las autoridades no ven el potencial del sector financiero como promotor del crecimiento económico ni regulan la relación entre ahorradores e inversionistas.

Lo que debimos esperar de la reforma financiera no es un mayor control de los ingresos y sus fuentes. Lo que debimos esperar es que las autoridades financieras deberían fortalecerse, al regular las actividades de los mercados y de los participantes del mercado. Esto se logra a través de una segunda revisión a las reforma financieras y a las leyes que regulan los mercados y a las instituciones del mismo.

*El Dr. Eduardo Carbajal es el Director de Planeación Financiera del Tecnológico de Monterrey. Correo electrónico: [email protected]