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México según el Índice Global de Conocimiento

José F. Otero | TIC y Desarrollo
El pasado mes de noviembre de 2025 se publicó el Índice Global de Conocimiento (ICG), del cual formo parte del comité asesor desde 2021. Esta publicación intenta establecer un marco integral, desarrollado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en asociación con la Fundación Mohammed bin Rashid Al Maktoum del Conocimiento (MBRF), para evaluar la capacidad de los países para generar, absorber y aplicar conocimiento en el desarrollo sostenible. La edición de 2025 evaluó un total de 195 países.
Las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC) ocupan una posición central dentro de este marco, funcionando tanto como habilitador de la creación de conocimiento como resultado del desarrollo basado en el conocimiento. El subíndice de las TIC conceptualiza específicamente la tecnología como un mecanismo central a través del cual se genera, se difunde y se transforma el conocimiento en valor económico y social.
El subíndice está estructurado en torno a tres pilares interrelacionados:
- Conectividad (que mide la infraestructura digital y el acceso a redes),
- Facilitadores (que evalúa la asequibilidad y las habilidades digitales), e
- Impacto (que evalúa el uso de los servicios digitales y los resultados económicos de las TIC).
Cuando se aplica a México, que ocupa el puesto 95 a nivel mundial en el subíndice de TIC, este marco revela que las TIC funcionan principalmente como una plataforma para el acceso y la difusión del conocimiento, en lugar de ser un fuerte impulsor de la producción avanzada de conocimiento digital. Este papel desigual tiene importantes implicaciones para alcanzar en 2030 el Objetivo de Desarrollo Sostenible 4 (ODS 4), que busca garantizar una educación inclusiva y equitativa de calidad, así como promover oportunidades de aprendizaje permanente para todos.
En particular, el ODS 4 enfatiza la integración de la tecnología para mejorar los resultados del aprendizaje, ampliar el acceso a la información y desarrollar habilidades relevantes para la economía moderna, objetivos que requieren no solo conectividad básica sino también infraestructura digital sofisticada, alfabetización digital integral y ecosistemas de innovación robustos.
El pilar de Conectividad destaca la infraestructura digital que permite el flujo de información, incluidas las redes móviles, los sistemas de banda ancha, los centros de datos y los puntos de intercambio de Internet. Estos elementos apoyan el ODS 4 al facilitar el acceso a recursos educativos en línea, a plataformas de aprendizaje a distancia y a redes de conocimiento global.
México demuestra una fortaleza relativa en la cobertura de redes móviles, con una disponibilidad de 4G/5G que ocupa el puesto 62 a nivel mundial, lo que permite un acceso generalizado a la información digital. Sin embargo, un desempeño más débil en infraestructura de alta capacidad, como centros de datos (puesto 89) y tráfico de IXP (puesto 104), puede restringir la capacidad del país para apoyar entornos de aprendizaje digital a gran escala, plataformas de investigación basadas en la nube y tecnologías educativas avanzadas.
Como resultado, si bien la conectividad básica apoya el objetivo del ODS 4 de ampliar el acceso a la educación, la infraestructura de alta capacidad insuficiente limita la calidad y la sofisticación de los sistemas de aprendizaje digital que podrían implementarse a escala.
El pilar de Facilitadores ilustra aún más la relación entre las TIC y el ODS 4, al centrarse en la asequibilidad y las habilidades digitales. La banda ancha asequible en México reduce las barreras económicas para acceder al contenido educativo en línea, lo cual se alinea con el objetivo del ODS 4 sobre oportunidades de aprendizaje inclusivas. La canasta de banda ancha fija de México está en el puesto 67 y la canasta de banda ancha móvil solo de datos, en el puesto 88.
Sin embargo, se observan brechas significativas en las competencias digitales al examinar los indicadores de habilidades. El uso de computadoras entre individuos ocupa el puesto 91; los graduados terciarios de programas de TIC, el puesto 117; y el empleo en información y comunicaciones, el puesto 120. Estos puestos evidencian debilidades fundamentales tanto en la alfabetización digital básica como en las capacidades técnicas avanzadas.
Tales deficiencias socavan el énfasis del ODS 4 en equiparar a los estudiantes con habilidades técnicas y vocacionales relevantes para el empleo en economías basadas en el conocimiento. Sin sólidas habilidades digitales fundamentales y avanzadas, la tecnología no puede mejorar de manera efectiva la calidad del aprendizaje ni apoyar las vías de aprendizaje permanente en toda la población de México.
El pilar de Impacto demuestra que las TIC en México desempeñan un papel en la difusión del conocimiento, pero revelan una capacidad limitada para generarlo. El uso de Internet ocupa el puesto 97 a nivel mundial. El compromiso con plataformas enfocadas en el conocimiento muestra resultados mixtos: el uso de LinkedIn ocupa el puesto 61, mientras que las visitas a las páginas de Wikimedia ocupan el puesto 84.
Más preocupante es el pobre desempeño de México en innovación relacionada con las TIC y en resultados económicos. Las exportaciones de servicios informáticos y de información ocupan el puesto 123, las publicaciones de patentes PCT de TIC ocupan el puesto 108 y el valor agregado de información y comunicaciones ocupa el puesto 135. Esta desconexión indica una traducción severamente limitada de las inversiones educativas y tecnológicas en resultados de innovación.
Las implicaciones de este patrón son evidentes en todo el sistema educativo de México. A nivel preuniversitario, el marco del ICG conceptualiza la tecnología como un recurso de aprendizaje fundamental, medido por el acceso escolar a computadoras. Esto se alinea con el enfoque del ODS 4, que consiste en mejorar los entornos de aprendizaje y en promover la alfabetización digital desde una edad temprana. Sin embargo, las clasificaciones de México revelan disparidades marcadas entre las escuelas primarias (puesto 118) y las secundarias (puesto 106).
Esta brecha indica que muchos estudiantes carecen de exposición temprana a herramientas digitales durante años críticos de su desarrollo, lo que limita el aprendizaje interactivo, la investigación en línea y el desarrollo de habilidades fundamentales.
Estas deficiencias se trasladan a la Educación y Formación Técnica y Profesional (EFTP) y la educación superior. El subíndice general de EFTP y educación superior de México se coloca en el puesto 52. Si bien México se desempeña excepcionalmente bien en el pilar de Ambiente de Aprendizaje, ocupando el puesto 9 a nivel mundial, muestra debilidades en Acceso y provisión (puesto 64) y en Resultados (puesto 66).
Entre los resultados, los puntos débiles de la investigación son particularmente evidentes. El subpilar de Impacto ocupa el puesto 104, las publicaciones en ciencias naturales y de la salud, el puesto 106, y la colaboración universidad-industria en investigación y desarrollo, el puesto 87. Estos datos revelan que, a pesar de los sólidos entornos de aprendizaje institucional, la tecnología no se está utilizando de manera efectiva para generar conocimiento avanzado e innovación.
El ODS 4 enfatiza no solo el acceso a la educación sino también el desarrollo de habilidades relevantes para el empleo, la innovación y el desarrollo sostenible. El uso limitado de las TIC para la investigación de alto impacto y el aprendizaje tecnológico aplicado evidencian una desalineación entre las estructuras educativas y las ambiciones transformadoras del ODS 4.
El marco del ICG 2025 demuestra que las TIC en México contribuyen al ODS 4 mediante la expansión del acceso básico a la información, el apoyo a los entornos de aprendizaje institucional y la facilitación de la difusión del conocimiento a través de plataformas digitales. La posición general del subíndice de TIC de México es el puesto 95, con mejor desempeño en Conectividad (puesto 83) y una debilidad significativa en Impacto (puesto 114).
Sin embargo, las debilidades persistentes en la infraestructura digital de alta capacidad, el desarrollo integral de habilidades digitales y los resultados de innovación restringen sustancialmente la capacidad de la tecnología para mejorar la calidad educativa y promover el aprendizaje permanente de manera integral.
Si bien México ha progresado en la integración de las TIC para apoyar el acceso básico a la educación y la información, el potencial transformador de la tecnología permanece subutilizado. Para avanzar hacia la visión del ODS 4 de educación inclusiva, de alta calidad y orientada al futuro, México debe fortalecer la infraestructura digital en las escuelas primarias y secundarias, ampliar la formación en TIC y alinear la educación superior con la innovación tecnológica y la investigación aplicada.

