En los últimos años, algunos países sudamericanos han presenciado una serie de expropiaciones de empresas privadas de diversa índole que harían pensar en los gobiernos de esos países, en un momento determinado, como comunistas y hasta peligrosos.

El caso más emblemático es el de Hugo Chávez en Venezuela. Durante sus años como Presidente, ha expropiado más de 450 empresas de diversos sectores de la economía. El resultado de esa política de apropiación nacional es claro: la Inversión Extranjera Directa decreció en los últimos 10 años en 11 por ciento. El poder adquisitivo del venezolano en este mismo periodo ha aumentado sólo 10 dólares y el país pasó del lugar 54 en el 2000 al lugar 122 en el 2011 en el índice internacional de competitividad.

En Bolivia, desde el 2006 comenzaron las expropiaciones de los sectores económicos más estratégicos. Las empresas expropiadas pertenecen a los sectores de hidrocarburos, minería, telecomunicaciones, agricultura, inmobiliario y electricidad.

Los resultados no son tan evidentes como en Venezuela, pues Bolivia no es una economía tan sólida que nos permita concluir que ha empeorado su situación económica con las expropiaciones. Simplemente las expropiaciones no han hecho que los bolivianos tengan mayor bienestar ni que se haya reducido la desigualdad social.

El caso más reciente lo tenemos en Argentina y la empresa Repsol YPF, cuya historia es bien conocida.

Lo más interesante de esta expropiación es que, ante la falta de una adecuada política económica del gobierno actual, este evento pareciera que fortalece al país. Esta expropiación es más bien el resultado de una política económica fallida que ha hecho a Argentina perder Inversión Extranjera Directa por casi 15% en cinco años y, su competitividad se ha mermado al pasar del lugar 45 al 87.

Ha habido expropiaciones en el Brasil de Lula da Silva y en el Ecuador de Correa. ¿Quién lo sabe? ¿Por qué éstas no fueron tan sonadas como las Evo Morales, Hugo Chávez o Cristina Fernández? La diferencia es que el impacto económico y político no ha sido el mismo, a pesar de que el tipo de gobierno de todos ellos ha sido socialista.

Podemos concluir que no hay correlación entre los gobiernos de corte social y las expropiaciones de empresas privadas con el desempeño económico del país.

La inercia económica que lleva Perú, por ejemplo, no puede detenerse por la llegada de un presidente socialista como Ollanta Humala.

En México sucedería lo mismo que en Perú de ganar las elecciones Andrés Manuel López Obrador. La inercia económica de los países hace que éstos crezcan aún con expropiaciones, como sucedió en Brasil, y aunque tengan gobiernos socialistas.

*El doctor Eduardo Carbajal es el director del Tecnológico de Monterrey Sede Perú. Su correo es edcarbaj@itesm.edu.pe.