Si en el 2007 alguien hubiera dicho que los países latinoamericanos iban a ayudar a los europeos, probablemente los analistas económicos se hubieran muerto de la risa con semejante idea.

El día de hoy, si yo le dijera que la salvación de las economías europeas está en América Latina, ¿le seguiría sonando como una idea disparatada?

Los problemas de deuda que enfrentan Grecia, Irlanda, Portugal, España e Italia son tan grandes y profundos que podríamos pensar que sólo el Banco Central Europeo y la buena voluntad de Alemania, y quizá Francia, podrían ayudar a resolverlos.

El sistema financiero en estos países está prácticamente en quiebra porque los bancos han hecho préstamos a las empresas que nunca les serán devueltos, porque los gobiernos han pedido prestamos que nunca le van a pagar a sus acreedores y porque tanto gobiernos como empresas le deben dinero al público que nunca va a ser devuelto.

La deuda pública como porcentaje del PIB de Grecia es la más grande de estos países, pues representa el 223.66 por ciento.

Eso significa que para pagarla, los griegos deben trabajar y producir la misma cantidad de bienes y servicios que producen hoy, por poco más de dos años, sin consumir nada. Lo escandaloso es la deuda externa como porcentaje del PIB de Irlanda: 1,250.09 por ciento.

Con este panorama, los países de América Latina como México, Colombia, Ecuador, Chile, Panamá, Costa Rica, Brasil y Perú se convierten en lugares donde ahora podrían llegar los inmigrantes europeos a buscar empleo.

Parece el mundo al revés, pero lo que parecía ser un flujo migratorio constante de estos países a Europa se va a detener e incluso se va a revertir.

Las condiciones económicas para producir serán tan difíciles por el aumento de precios, que las principales empresas ya comenzaron a expatriar sus operaciones a mercados con condiciones tributarias más favorables, como nuestros países, y con mercados de consumo más homogéneos.

Las empresas financieras europeas llevan años sobreviviendo con los rendimientos que les dan sus subsidiarias en América Latina y con el bajo riesgo de exposición que ello representa.

La inversión extranjera de Japón, China y Estados Unidos ha encontrado un nuevo destino en Latinoamérica que las empresas europeas deberían observar, como parte del plan de salvación que deben seguir.

En el mundo al revés, los países de nuestra región serán los líderes en el crecimiento económico, en el incremento de empleo, en la atracción de inversión extranjera, los más estables en sus tipos de cambio, con grandes reservas internacionales en sus bancos centrales y con sistemas financieros tan sólidos que hasta salvaremos algún día a los países europeos de sus excesos económicos.

*El doctor Eduardo Carbajal es el director del Tecnológico de Monterrey Sede Perú. Su correo es [email protected]