La compra de obras de arte ha sido una de las escapatorias en tiempos de zozobra para muchos inversionistas, que lo han considerado un valor refugio. Sin embargo, y sin negar las posibilidades que aporta como vehículo de revalorización del patrimonio invertido, puede que el recorrido futuro no sea tan brillante como el que ha mantenido hasta el momento. La irrupción de nuevos ricos chinos disparó la cotización de un mercado que corre el peligro de resentirse en consonancia con el frenazo de sus nuevos mecenas.

El arte, como indican los expertos de Citi, es un tipo de activo que goza de solidez, pero no todo vale. En el informe The global art market: perspectives on current drivers & future trends, uno de los primeros consejos para el inversionista es el de no comprar una obra si no le gusta.

El documento señala que el fuerte crecimiento experimentado por el mercado del arte mundial en los últimos años no se mantendrá «sólido», por lo que transitará por caminos más equilibrados aunque no «crecientes». La razón de esta rebaja es que las fuentes de crecimiento experimentadas desde inicios de siglo pueden no ser tan duraderas como muchos observadores defienden.

Tras analizar el comportamiento del mercado de subastas global en los últimos 15 años, queda patente que es un sector concentrado en muy pocas plazas. En 2000 más de la mitad de las subastas que se realizaban en dólares discurrió en Estados Unidos apenas el 5 por ciento. Este panorama había cambiado de forma significativa en 2014, cuando China ya representaba la cuarta parte de las ventas mundiales y ocupaba el segundo lugar detrás de Estados Unidos. En comparación con el duopolio de Estados Unidos-Reino Unido en 2000, que acumuló el 80% de las ventas en subastas, el trío formado por ambos y China supone el 85% en la actualidad.

La ralentización del crecimiento económico del gigante asiático tendrá repercusión en el crecimiento global de las ventas, por lo que, según los expertos del banco privado, es poco probable que se repita el rendimiento en los próximos años. Además, un rápido repaso a lo ocurrido en los últimos cien años, indica que el arte siempre ha dado menor rendimiento que la renta variable, aunque más que los bonos.

El informe también señala la clara correlación entre los precios de las obras de arte y la economía global. Los mayores descensos de este mercado se produjeron durante la I Guerra Mundial, en el inicio de la década de los 30 del pasado siglo, durante la crisis del petróleo de 1973, y durante el inicio de la crisis de finales del pasado siglo y después de la de 2008 del presente. La aparición de nuevos coleccionistas no siempre va paralela al prestigio de las obras, que son siempre más difíciles de evaluar que otros activos para los coleccionistas, como los coches clásicos o ciertas antigüedades.

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