Un inversionista puede ser un individuo con nombre y apellido o bien un fideicomiso que administra sus bienes o una empresa que maneja dinero por cuenta de los demás. Muchos de ellos poseen grandes participaciones en las principales compañías de los países desarrollados y son los grandes jugadores de los mercados internacionales.

Se trata de organizaciones que invierten grandes cantidades de efectivo (propio o ajeno) en títulos individuales y, a su vez, puede hacerlo en otros fondos de similares características en su país o en el extranjero.

Dado volumen de dinero que manejan, se han convertido en los jugadores más importantes que hay en los mercados y pueden afectar tanto en el precio de un activo como en el desarrollo de una empresa y en sus políticas internas, por el número de acciones que tienen en su poder.

Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), los inversionistas institucionales poseían en 2004 activos por el equivalente al 209% del PIB de Gran Bretaña, 189% del de los Estados Unidos y 150% del de Francia.

Los mayores jugadores de este sector son las administradoras de fondos comunes de inversión y los fondos de pensión o de jubilación tanto públicos como privados (15,300 billones de dólares en los Estados Unidos a 2012), seguidos por las compañías de seguros (6,100 billones), a los ETFs (1,300 billones), las fundaciones privadas (590 billones) y los fondos de colegios/universidades como el de la de Harvard, muchas veces constituido como endowment o fundación sin fines de lucro (400 billones).

Los primeros pueden ser tradicionales y regulados o desregulados como los hedge funds o de cobertura, que se constituyen fuera de los Estados Unidos e invierten sin límites de apalancamiento o dirección (pueden shortearse o venderse en descubierto apostando a la baja).

Estas instituciones contratan los servicios de administración de otro inversor institucional reconocido o bien maneja su cartera a través de algún gestor más chico como puede ser uno más personalizado (denominado family office ), con menos estructura pero que se amolda a las decisiones del cliente y plasma las restricciones, tamaño y objetivos de mejor manera.

La conformación y operación de un portafolio busca lograr rendimientos específicos y reducir al mínimo el riesgo, sujeta a un horizonte de tiempo que, muchas veces, no ofrece tantos limitantes como en el caso de un individuo, ya que su horizonte está más extendido en el tiempo.

Los gestores de activos suelen tener diferentes objetivos que el inversor personal ya que estos últimos suelen demandar menos riesgo y crecimiento a largo plazo, mientras que los otros (en especial los hedge funds), en la práctica se encuentran buscando oportunidades con altos rendimientos y un mayor riesgo.

Además de equipos de investigación o research profesionales, los grandes jugadores institucionales tienen acceso a una importante ventaja: gozan de menores comisiones para operar y, por lo tanto, mejorar la ecuación rendimiento/riesgo al final de un período.

A su vez, acceden a ciertas oportunidades que no están disponibles para la mayoría de los minoristas: colocaciones privadas, o private equity que, por definición, no poseen oferta pública ni una referencia de precio de mercado que la hace más ilíquida y obliga a contar con más tiempo para poder madurarla y materializarla.

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