Las grandes potencias mundiales enterraron hace menos de un año la principal amenaza regulatoria que pendía sobre los fondos de inversión: la identificación de las gestoras demasiado grandes para aplicarles normas a la altura de su riesgo.

El organismo comisionado por el G-20 para velar por la estabilidad financiera mundial, el Consejo de Estabilidad Financiera (FSB, por su sigla en inglés), admitió que ése no era el camino más apropiado para resolver el problema de los fondos, sin embargo, nunca dijo que dejaría de intentar poner límite a los peligros que pudieran proceder del sector de gestión de activos.

Promesa y realidad

En la última reunión del FSB, se ha llegado a un acuerdo sobre los puntos débiles de la industria de los fondos de inversión y han consensuado las recomendaciones regulatorias que consideran necesarias para afrontar las debilidades estructurales de las actividades de gestión de activos, según un comunicado de la organización.

Así, las propuestas regulatorias del FSB se probarán primero en una consulta pública al sector a mediados de año. A partir de ahí, la aplicación dependerá de la velocidad de los distintos supervisores para asumir los dictados del organismo dependiente del G-20.

Esta vez, el FSB ha escuchado a los críticos.

Hace un año le dijeron que el problema de los fondos no era de tamaño, sino deactividades más o menos arriesgadas, y ahí es donde va a poner la lupa. Y el primer destino de su preocupación es la liquidez: la dificultad que pueden tener los fondos de atender las peticiones de rembolsos de los clientes y las consecuencias que eso puede acarrear para la estabilidad financiera mundial..

Atender órdenes de los clientes

El FSB insta a las autoridades a poner en marcha un test de estrés al sector, con el objetivo de determinar la capacidad individual y colectiva de los fondos de inversión de atender los rembolsos de los clientes en condiciones de tensión en los mercados , añade el documento.

La preocupación de las 20 mayores potencias mundiales, el FMI y otros supervisores es la misma. Ante la falta de rentabilidad de determinados activos, los fondos se han lanzado a invertir en territorios donde la liquidez no está asegurada, como los bonos corporativos o la deuda soberana de determinados países. Y eso, para un sector que en general promete atender los rembolsos de los clientes de manera inmediata, puede suponer un problema, ya que estas posesiones son más complicadas de liquidar en momentos de turbulencias.

El FSB todavía no ha dado ninguna pista sobre qué medidas regulatorias pueden paliar este escenario, pero algunas gestoras apuestan por establecer comisiones de salida que des incentiven las ventas masivas por parte de los clientes o por exigir elevados colchones de liquidez, dependiendo de los activos en los que se invierta.

A las grandes potencias también les preocupa el endeudamiento en el que incurren los vehículos, los problemas que pueden surgir a la hora de transferir mandatos de inversión en una situación de estrés, y la práctica cada vez más común del préstamo de acciones que realizan las gestoras.

Todas ellas tendrán su cuota de propuestas regulatorias que el FSB considera necesarias para acotar los riesgos que puedan suponer para el mundo. Tomadas en conjunto, estas recomendaciones de actuación deben hacer a los mercados más resistentes , confía el organismo.

(Con información de Expansión de España)

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