El ratio precio-ganancias, o P/E -por sus siglas en inglés, price to earnings-, es probablemente el indicador de valuación más popular y utilizado en los mercados. Sin embargo, es importante comprender sus ventajas y limitaciones, así como los criterios a tener en cuenta a la hora de utilizarlo correctamente y sacar el máximo provecho.

Como su nombre lo indica, el ratio precio-ganancias se calcula dividiendo el precio de las acciones sobre las ganancias por acción de la compañía. Básicamente, nos indica cuánto estamos pagando por cada dólar de ganancia neta de la empresa, por lo cual es un indicador bastante simple e intuitivo sobre la valuación de sus acciones.

Este ratio tiene poco valor cuando se lo analiza en forma aislada; en general, conviene comparar la valuación de una empresa con su propia valuación histórica a lo largo del tiempo, la valuación de firmas comparables en el mismo sector, o la valuación del mercado en general, tomando por ejemplo un índice como el S&P 500.

Aquí es importante tener en cuenta algunas cuestiones clave. La frase no comparar peras con manzanas ha sido utilizada hasta el cansancio en temas de economía y finanzas, pero no por eso deja de ser un consejo inteligente cuando se trata de utilizar en forma adecuada el ratio precio-ganancias.

El punto es que las comparaciones muchas veces son inexactas, y es importante tener en cuenta las diferencias. Un aspecto clave a considerar es el crecimiento: mientras mayor sea la tasa de crecimiento esperada en las ganancias de la empresa, mayor será la valuación que el activo merece. Si las ganancias crecen más rápido, está justificado pagar un precio más elevado por esas ganancias y viceversa.

Una buena herramienta para ajustar los datos es aplicar el ratio precio-ganancias-crecimiento, o ratio PEG por sus siglas en ingles: price to earnings growth. El ratio PEG se obtiene dividiendo el ratio P/E tradicional por el crecimiento esperado en las ganancias de la compañía, tomando habitualmente el crecimiento esperado en los próximos cinco años.

Entonces, una compañía cotizando a un ratio P/E de 20 veces los resultados del último año, y con un crecimiento esperado del 10% anual en los próximos cinco años, tendrá un ratio PEG de dos. En cambio, si el ratio P/E se mantiene en 20, pero el crecimiento esperado es del 15% anual, el ratio PEG cae a 1.3.

Básicamente, el ratio PEG nos demuestra que si dos empresas cotizan al mismo ratio P/E, pero una de ellas tiene mayor crecimiento esperado, podríamos decir que la alternativa de alto crecimiento se encuentra subvaluada en términos relativos.

Así como es importante tener en cuenta las diferencias en las tasas de crecimiento de diferentes compañías, no pueden dejar de considerarse diferentes aspectos que hacen a la calidad del negocio, como los niveles de rentabilidad, la solvencia financiera o la trayectoria del equipo de management, entre muchas otras posibilidades.

Una de las principales limitaciones del ratio P/E es que nos da una mirada relativa sobre la valuación de las acciones, lo cual presenta algunos riesgos importantes. En contextos de burbuja financiera o de excesivo optimismo en los mercados, puede suceder que las valuaciones de muchos activos se encuentren en niveles demasiado altos, por lo tanto, analizar la valuación de un activo en relación a otros sobrevaluados puede llevar a conclusiones equivocadas y altamente costosas.

También es importante tener en cuenta que las ganancias de una compañía en un año puntual pueden estar afectadas por factores extraordinarios o no recurrentes, y los datos deben ajustarse en consecuencia.

En definitiva, lo que queremos saber es qué precio estamos pagando por el activo en comparación con las ganancias que la firma puede producir en forma consistente. Si los resultados de un año en particular son inusualmente altos o bajos por alguna cuestión que no se va a repetir, entonces debemos incorporar esta cuestión al análisis.

Son muchos los factores que pueden afectar las ganancias de una compañía en un año particular. Cuestiones contables como costos de reestructuración, ajustes en el valor de inventarios o amortización de activos, entre muchas otras posibilidades, pueden tener un impacto considerable en los resultados de un año puntual, aunque se trata de variables que no van a repetirse en los años siguientes.

En algunas industrias, los resultados de las empresas pueden variar sensiblemente en base a factores económicos que están fuera del campo de influencia de la firma. Los precios de las materias primas, o los niveles de demanda en la industria de la construcción, por ejemplo, son cuestiones determinantes para muchas empresas, pero dependen de tendencias económicas generales, no de la estrategia de negocios de la compañía.

Por lo tanto, en un año en el cual las condiciones de mercado sean inusualmente positivas o negativas, conviene tomar los niveles de valuación con cierta prudencia, teniendo en cuenta que estas condiciones pueden cambiar sensiblemente en el futuro.

[email protected]