Durante un discurso prolongado sobre su agenda de infraestructura, el presidente Donald Trump comparó la frontera de México con la Zona Desmilitarizada (DMZ, por sus siglas en inglés), la franja que separa a Corea del Norte y Corea del Sur desde 1953.

“Miren a Corea. Tenemos una frontera en Corea. Tenemos un muro de soldados. No nos pagan mucho por esto, ¿verdad? Si miras eso, nadie la traspasa. Pero de nuestra propia frontera, no nos ocupamos de ella”.

En este sentido, Trump describió el entorno de la DMZ como, “los 32,000 soldados, sus mejores equipos y los alambres de púas por todos lados”.

Estas declaraciones provocaron la frustración de expertos que estudian la inmigración a Estados Unidos a lo largo de la frontera con México y también de los especialistas que estudian las relaciones entre las dos Coreas.

Robert Kelly, profesor estadounidense que imparte clases de relaciones internacionales en la Universidad Nacional de Pusan en Corea del Sur, publicó un video en Twitter ventilando su opinión respecto al eventual encuentro que sostendrán el líder de Corea del Norte, Kim Jong-un y Trump en busca de una solución a las tensiones en la península coreana.

“Cancelen la cumbre entre Trump y Kim (...) Nadie querría que un hombre que habla así negociase en nombre de la democracia con Corea (del Norte)”, afirmó.

Es difícil de comparar la situación fronteriza en la zona desmilitarizada entre las dos Coreas y la que se vive a lo largo de la frontera entre México y Estados Unidos por la enorme diferencia entre las dos situaciones.

Es posible que los comentarios de Trump, que parecían estar al menos parcialmente improvisados, fueron diseñados para criticar lo que él considera la carga económica injusta causada por la presencia militar de su país en Corea del Sur, un blanco frecuente de sus críticas.

Enormes diferencias

En el nivel más básico, la diferencia entre las dos situaciones es enorme. La “frontera” entre Corea del Norte y Corea del Sur no es realmente una frontera si hablamos de manera formal. Se trata de la línea de armisticio de 1953 entre las dos Coreas. Como nunca se ha firmado ningún tratado de paz, después de la Guerra de Corea, ambas partes técnicamente siguen en guerra aunque mantienen el alto al fuego. Por el contrario, México y Estados Unidos no están en guerra: son amigos y socios.

La DMZ está diseñada como una zona de amortiguamiento entre los dos lados; su nombre es incorrecto, ya que el área está fuertemente militarizada. En términos técnicos, ninguno de los lados ve la frontera como límite; cada uno de los países se ve a sí mismo como el futuro gobierno de toda la Península de Corea.

En cambio, para Estados Unidos su frontera tiene problemas de índole migratorio y de contrabando.

Puede ser cierto que algunas personas o bienes cruzan ilegalmente a través de la zona desmilitarizada, pero Corea del Sur no intenta mantener alejado al ciudadano medio de Corea del Norte. De hecho, Seúl ofrece ciudadanía a los refugiados del norte. Casi todos estos fugitivos, comúnmente denominados “desertores”, viajan a través de China u otros países antes de dirigirse a Corea del Sur.

Si pudieran, muchos norcoreanos probablemente tratarían de cruzar por la DMZ. Lo que los frena no es el Ejército de Corea del Sur o sus aliados estadounidenses: son los propios norcoreanos quienes ven a los desertores con desprecio.

En noviembre pasado, cuando un soldado norcoreano intentó escapar a través de la zona desmilitarizada, le dispararon al menos cinco veces para evitar que pudiera cruzar del lado surcoreano. El soldado ahora se recupera en el sur.

A los ojos de Pyongyang, los soldados, el alambre de púas y otras precauciones, como las minas a lo largo de la zona desmilitarizada, están diseñados para impedir que un Ejército invasor intente cruzar, o un traidor escape. Ni México ni Estados Unidos tienen una visión similar sobre el tema de contrabando o migrantes que cruzan la frontera entre ambos países.

CIFRAS DISPARES

La otra gran diferencia entre las dos fronteras es práctica. La DMZ mide aproximadamente 257 kilómetros de largo. Toda la frontera de los Estados Unidos con México tiene aproximadamente 13,168 km.

Incluso, si Trump no cree que la totalidad de esa frontera requiera seguridad estilo DMZ, un punto que, en sí mismo, socavaría significativamente la comparación, la longitud del borde sería varias veces más larga que la DMZ.

Además, la DMZ tiene aproximadamente 4 km de ancho. Crear una “zona” fronteriza como ésta entre México y Estados Unidos probablemente requeriría incluir tierra privada.

No está claro de dónde obtuvo Trump su cifra de 32,000 soldados en la zona desmilitarizada y si se está refiriendo sólo a las tropas estadounidenses; a principios de este mes sugirió que Estados Unidos tenía ese número “en la frontera entre Corea del Norte y Corea del Sur”.

Cualquier comparación que haga Trump sobre los costos que genera una frontera militarizada, no hay que olvidar algo importante: el Ejército de Corea del Norte, uno de los más grandes del mundo, tiene alrededor de 750,000 soldados actuando como “seguridad fronteriza” de facto. Todo el Ejército de México, incluidas las reservas, suma alrededor de 418,000 personas.

Dadas las numerosas y enormes diferencias entre la zona desmilitarizada y la frontera México-Estados Unidos, es difícil hacer una comparación justa. Quizá, una más adecuada podría ser la frontera norte de Corea del Norte con China, su vecino más grande y económicamente más poderoso. Estas dos naciones son aliadas también. En 1,416 km de largo, ese frontera es más comparable a la frontera de los Estados Unidos y México.

Probablemente, a Trump no le gustan las lecciones de esta frontera, donde no hay un muro y el contrabando de bienes y personas es muy extendido. Pero Trump realiza comparaciones sin entender que sumar peras con manzanas no tiene sentido.