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¿Tu clase de spinning es demasiado blanca?
Desde SoulCycle hasta Solidcore, el fitness boutique tiene un mercado cada vez más grande, sin embargo, algunos se sienten excluidos.

Después de algunos meses de estar comprometida a practicar yoga en un estudio de Nueva York, Christina Rice sintió que había encontrado su pasatiempo perfecto. Entonces, cuando una academia anunció que estaba ofreciendo capacitación, ella se inscribió. Fue hasta ese momento que notó algo sorprendente.
Hubo otras 54 mujeres y hombres en el curso de 10 semanas, y ninguno de ellos se parecía a ella. Ella era la única afroamericana en la clase.
“Me identifiqué con algunos de los otros estudiantes”, comenta Rice. “Pero en ocasiones me sentí muy aislada. No había maestros de color. Tampoco otra mujer que se pareciera a mí, que entendiera mis luchas, mis inseguridades”.
Los estudios boutique de entrenamiento y gimnasios especializados están saturando las áreas urbanas aburguesadas. Entre sus actividades incluyen no sólo yoga sino también crossfit, que está por todas partes. Sobresalen Barry’s Bootcamp (Los Ángeles, Nashville y Washington, entre otras); SoulCycle y Orangetheory, con cientos de estudios en todo el país.
CrossFit había existido durante décadas, pero su popularidad estalló en el 2012; Barry’s Bootcamp comenzó a expandirse en el 2011.
Según The International Health, Racquet and Sportsclub Association, más de 18 millones de personas afirman en la actualidad ser miembros de un estudio boutique.
Algunos usuarios han comenzado a cuestionar las acentuadas diferencias entre los estudios boutique y los tradicionales gimnasios urbanos. En principio lo más relevante son los precios: en Washington, una clase de 50 minutos en el estudio boutique Barry’s Bootcamp cuesta 34 dólares; Spinning Studio Flywheel cobra 30 dólares; En Solidcore, un entrenamiento similar al de Pilates, puede costar hasta 37 dólares, aproximadamente la mitad del costo de una membresía mensual en la mayoría de los gimnasios urbanos. Al igual que Rice, otros adictos al fitness se han dado cuenta de quiénes no asisten. Muchos cuerpos blancos y muy poca gente de color.
“¿Es esto realmente todo el mundo, o simplemente todos los que pueden darse el lujo de ir (a una clase boutique)?, se pregunta Jessamyn Stanley, profesora de yoga en Carolina del Norte. Stanley, que se ha ganado fama con sus críticas sobre la falta de diversidad en los estudios-boutique, describe sobre los estudios que ha visitado y aborda el tema en su libro Every Body Yoga. El problema, dice ella, va más allá de la raza.
A menudo es la única mujer gorda en el salón, afirma. Y si se trata de encontrarse con un público maduro, tendrá que seguir buscando: según los cálculos de The International Health, Racquet and Sportsclub Association, la edad promedio de los que hacen ejercicio es de 30 años.
“El mensaje, dice Stanley, es esencialmente el siguiente: se te permite (estar) en este espacio si eres blanco, esbelto, sin discapacidad y de menos de 45 años, con el sexo con el que se nació y heterosexual. Y si no lo eres, entonces no eres bienvenido” afirma.
Todd Miller es director del Laboratorio de Control de Peso y Rendimiento Humano de la Universidad George Washington y ha investigado sobre gimnasios comerciales. Su investigación sobre los hábitos de entrenamiento revela que “la gente quiere estar cerca de otros que son como ellos”. Y eso “es casi universal”.
“La publicidad de gente blanca es enorme”, dice Gopi Kinnicutt, propietario e instructor de un estudio de yoga en Washington mientras hojea revistas de fitness y comenta: “rara vez ves a una mujer afroamericana o una persona india. El yoga viene de la India, por el amor de Dios”.