Tom Wolfe habría sido igual de brillante sin el traje blanco, pero no habría sido tan interesante. Su moda evocaba al pasado mientras su prosa nos sumergía en el presente. En su minimalismo blanco, era un pavo real.

Wolfe, quien murió el martes a  los 88 años, era considerado el mago del “nuevo periodismo” que marcó con entusiasmo a la cultura estadounidense, desde los Merry Pranksters hasta la carrera especial. Vestía trajes blancos bellamente diseñados pero desesperadamente pasados de moda.

El uso de los trajes blancos comenzó, según un perfil del 2015 publicado en Vanity Fair , cuando Wolfe se mudó a Nueva York en el verano de 1962 después de dejar su trabajo en The Washington Post y tomar uno en el New York Herald Tribune.“Todos los reporteros vestían con traje y él sólo tenía dos chamarras deportivas. Eligió la típica prenda que se llevaba en verano en Richmond, Virginia, donde nació. Un traje ligero para los calores veraniegos, pero resistente al invierno. Así, tan corto de dinero como iba, no tendría que comprarse otro”.

El traje blanco de Wolfe no fue simplemente un accidente, fue casualidad. Reflejaba su educación sureña y decía algo sobre el tipo de cortesía proscrita vinculada a esa geografía. El traje blanco de Wolfe también era una declaración de rigor. Un traje blanco no es algo fácil de llevar. Sugiere control y orden. No esconde mil pecados, revela cada miga caída.

Alexandra Wolfe, su hija y escritora en The Wall Street Journal, contó una graciosa anécdota de su padre durante un vuelo. Wolfe acababa de recibir un título honorífico en la Universidad de Boston y en lugar de cambiarse de ropa decidió tomar el avión ataviado con uno de sus impecables trajes. Durante el vuelo, un pasajero se dirigió a él y le preguntó: “¿Quién eres tú, un sacerdote?”, a lo que el escritor respondió: “No, soy el Papa”.