El fuego cruzado, la falta de entendimiento y las comunicaciones rotas entre los miembros de la OEA, la Organización de los Estados Americanos, han marcado la jefatura del uruguayo Luis Almagro Lemes (asumió en 2015). Puede considerarse normal en una organización multilateral con 72 años de vida e integrada por 34 naciones, cada una con idiosincrasias y aspiraciones particulares. Pero también puede ser un signo de los tiempos: parte del ruido, la polarización y la defensa sin concesiones de distintas realidades sobre un mismo fenómeno.

En la realidad de Almagro, su batalla es por la defensa de “un continente libre de dictaduras”, como dijo para esta entrevista con motivo de la publicación del libro que coordina titulado Derecho Internacional a la Democracia (Tirant lo Blanch, 2020). “Mi batalla sigue siendo la misma: la defensa de la democracia y los derechos humanos en el hemisferio, generar para los pueblos las mejores condiciones para el desarrollo y su seguridad”. 

Luis Almagro encabezó esta semana la 50º Asamblea General de la OEA y la sexta de su mandato tras su reelección como jefe del organismo en marzo pasado. Esa vez, Almagro consiguió la aprobación de dos terceras partes de los países miembros (23 votos), un volumen muy por debajo del apabullante apoyo que lo llevó a la Secretaría General de la OEA en 2015 (33 votos).

La pandemia de coronavirus y las elecciones en Venezuela y Nicaragua han marcado la 50º Asamblea General, que tuvo que reprogramarse de su cita original de junio en Bahamas a un encuentro obligadamente virtual: teleconferencias y todos en casa. Pero el formato tampoco modificó la atmósfera: la mecha está encendida entre los países de la OEA y las posiciones son irreconciliables.

¿Cuál es el papel de la OEA en esta coyuntura de las naciones americanas? ¿Qué lecciones ha dejado la cruzada de Almagro sobre Venezuela? Es el propio Almagro quien responde, en esta entrevista concedida un par de semanas antes del encuentro americano.

—Un estudio de la OEA sobre los comicios de la cuarta reelección de Evo Morales sirvió para justificar su derrocamiento. ¿La difusión de ese estudio y sus consecuencias pusieron en riesgo la reputación de la OEA? ¿O será que debemos hablar de la “nueva reputación” de la OEA, como hablamos de la “nueva normalidad” pandémica?

—Los hechos dan la razón a la OEA. El informe de la OEA refiere a la alteración de actas, al prellenado de actas, falsificación de las mismas, referencia a la existencia de votos de personas fallecidas y la existencia de servidores que insuflaron en cientos de miles de votos el proceso electoral. Esos son los hechos. La reputación de la OEA no se ve afectada por el esfuerzo de algunos personajes que sin base técnica, sin nivel de expertos y sin capacidades profesionales intentan instalar narrativas de contenido político electoral o ideológico.

La realidad es que a nosotros nos invitaron a hacer una auditoría, la hicimos, encontramos múltiples irregularidades: actas falsificadas, servidores ocultos y la votación de personas fallecidas. Estas irregularidades eran de tal calibre que no permiten validar el resultado de la elección. Como corresponde, publicamos el informe detallando todo esto. ¿Qué debíamos haber hecho? ¿No publicarlo, como me pidió el presidente Morales horas antes de renunciar? ¿preocuparnos por el “qué dirán? Habría sido una irresponsabilidad mayúscula por nuestra parte, nunca, jamás. Luego han salido todos esos presuntos informes, estudios y demás cegados por la ideología, que ignoran los hechos y se inventan una realidad paralela que se ajuste a su propio relato. La auditoría de Bolivia confirma el rigor técnico de nuestro equipo, la evidencia recolectada por los más de 100 especialistas de la Organización que estuvieron en terreno es contundente y el mundo académico con niveles de expertise en materia electoral, así como otras organizaciones internacionales así lo han reconocido. Es irónico que la auditoría de la OEA que cuestionan ha sido respaldada por la Unión Europea.

—La OEA ha chocado contra la pared una y otra vez en el caso de Venezuela, ¿por qué ha ocurrido eso?

—La OEA en el caso Venezuela alcanzó los máximos resultados que se podían alcanzar de conformidad con los instrumentos y mecanismos vigentes en el sistema interamericano. La OEA declaró la deslegitimación del régimen madurista, la deslegitimación de los infames procesos electorales que lleva adelante la dictadura, llevó al reconocimiento del Presidente de la Asamblea Nacional como Presidente Encargado de Venezuela, presentó antes que nadie las denuncias de crímenes de lesa humanidad que perpetra la dictadura contra su pueblo para que la justicia internacional alcance a los dictadores, entre otras cosas. Esos son los instrumentos que tenemos y en todos ellos hemos tenido los más plenos resultados.

Por otra parte no es necesario decirle a la OEA lo que debemos decir a otros actores de la comunidad internacional, que cesen de otorgarle al régimen opciones de legitimación, que no busquen excusas para validar elecciones claramente fraudulentas como han hecho determinados actores internacionales actuando en coordinación con actores políticos locales cómplices de la dictadura. No es tiempo de ambigüedad, es tiempo de justicia, no es tiempo de encontrar términos de convivencia con la dictadura venezolana, es tiempo de restablecer la democracia en el país. Y no cesaremos en nuestros esfuerzos por recuperar la democracia venezolana. 

Con la reciente elección de Mauricio Claver-Carone en el BID, muchos auguran que el banco perderá su foco latinoamericano y será una manera de contener la influencia china en la región. ¿Tienen razón estos críticos?

—Nosotros felicitamos al nuevo Presidente del BID y le manifestamos que cuenta con el apoyo de la OEA para avanzar en la agenda común de democracia y de desarrollo del hemisferio. Esas críticas son parte de un grupo que se opuso a su candidatura. Estoy convencido que Mauricio Claver-Carone será renovador al BID y que la región se fortalecerá bajo su mandato. Desde la OEA esperamos trabajar juntos por el desarrollo y la libertad de todo el hemisferio.

—¿La OEA puede dar lecciones de democracia?

—Nosotros trabajamos y brindamos soluciones.

Aquí no estamos para dar lecciones, sino para cumplir una tarea. Para ello tenemos unos instrumentos a los que nos apegamos. Fue en el seno de la OEA que se aprobó la Carta Democrática Interamericana, que considero que es la Constitución de las Américas. En el seno de la OEA también se aprobaron múltiples otras convenciones, cartas y acuerdos referidos a aspectos esenciales de las democracias, como la lucha contra la corrupción, los derechos de los pueblos indígenas, de las personas con discapacidad, de los afrodescendientes. Todos esos documentos contienen nuestro mandato. Es indudable que es gracias a la OEA que muchas democracias del continente siguen en pie. Nuestras Misiones de Observación Electoral son garantía de independencia y autonomía para monitorear que los procesos electorales sean limpios y transparentes en la región. La vigencia interamericana en la defensa de los derechos humanos, en la realización de proyectos de seguridad, así como trabajos en diferentes áreas de desarrollo siguen siendo relevantes para nuestros pueblos y los Estados.

Como dije, la OEA es el principal foro político del continente y ello es gracias a su defensa de las instituciones democráticas de todos los países de la Organización. Al mismo tiempo, en la Carta Democrática Interamericana, en la Carta de la OEA y en todas esas convenciones interamericanas no hay espacio para la politiquería, ni para el autoritarismo disfrazado de democracia. No hay espacio para las dictaduras. En eso estamos. 

—¿Cuál es la siguiente batalla de Luis Almagro al frente de la OEA?

—La OEA continuará revolucionando acciones, instrumentos, mecanismos, formatos, lenguajes y prácticas diplomáticas, que quizás no hace mucho eran impensables en el marco del sistema multilateral. La batalla sigue siendo la misma, la defensa de la democracia y los derechos humanos en el hemisferio, generar para los pueblos las mejores condiciones para el desarrollo y su seguridad. Queremos un continente libre de dictaduras.

Derecho Internacional de la Democracia, editado por Tirant lo Blanch y publicado este 2020, es un libro coordinado por Luis Almagro Lemes y Gerardo de Icaza Hernández, Director del Departamento para la Cooperación y Observación Electoral de la OEA. El volumen cuenta con artículos del Secretario de Asuntos Jurídicos de la OEA, Jean Michel Arrighi, y del Secretario para el Fortalecimiento de la Democracia de la OEA, Francisco Guerrero. En el libro se analizan “los mecanismos y marcos jurídicos a disposición de la comunidad internacional no sólo para consagrar el derecho de nuestros pueblos a vivir en democracia, sino también para su defensa”, en palabras de Almagro Lemes.