Ostentosas afirmaciones de logros nucleares, amenazas de cerrar las vías marítimas internacionales y supuestos complots terroristas se originan en Teherán en estos momentos. La semana pasada, el enfrentamiento entre Irán y Occidente alcanzó nuevas alturas cuando Israel acusó a Irán de varios intentos de atentado en Bang kok, India y Georgia dirigidos a diplomáticos israelíes. Y, sin embargo, un negociador nuclear iraní dijo que Teherán quiere volver a la mesa de negociaciones.

¿Qué es lo que realmente desea Irán? La clave para descifrar a la república islámica se encuentra en comprender la percepción que tiene Irán de sí mismo. Irán siempre se ha imaginado como la potencia hegemónica natural de su vecindario. A medida que el Imperio Persa se redujo a través de los siglos y la cultura persa se desvaneció con la llegada de las seductoras costumbres occidentales, la exagerada percepción iraní sobre su nación permaneció en gran parte intacta.

A fuerza de la historia, los iraníes creen que su país merece la preeminencia regional.

Sin embargo, la política exterior de Irán también se construyó sobre los cimientos del régimen teocrático y la revolución de 1979. El ayatolá Ruhollah Jomeini legó a sus sucesores una ideología que divide al mundo opresores y oprimidos.

La revolución fue una batalla por la emancipación de los tentáculos culturales y políticos de Occidente. Sin embargo, Irán no sólo buscaba la independencia, sino que quería proyectar su mensaje islamista fuera de sus fronteras.