Aunque las principales metrópolis del país se autodenominan como ciudades del conocimiento, aún se está lejos de alcanzar ese objetivo, así lo destaca el libro Ciudades mexicanas, desafíos en concierto, coordinado por el director general del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), Enrique Cabrero.

En el apartado Las ciudades mexicanas: ¿de cara o de espaldas a la economía del conocimiento? , se enumera un ranking de 20 urbes con potencial para alcanzar tal denominación, en el cual las ciudades de México, Monterrey, Toluca, Guadalajara, San Luis Potosí, Puebla, Querétaro, Culiacán, Saltillo y Tijuana tienen los 10 mejores recursos humanos e infraestructurales para lograrlo.

Sin embargo, hasta el momento ninguna de ellas alcanza el nivel necesario de vinculación entre la Iniciativa Privada, la academia y gobierno que se requiere para ser una ciudad del conocimiento, sin importar lo que digan las administraciones locales, asegura Enrique Cabrero, quien fue también coautor del ranking junto con la investigadora del CIDE, Isela Orihuela.

De acuerdo con la publicación, se define a una ciudad del conocimiento como el núcleo urbano donde existe un régimen económico e institucional que genera e incentiva el uso eficiente de la tecnología para el beneficio de toda la población.

Entrevistado por El Economista, Cabrero comenta: No hay en México ninguna ciudad que se pueda comparar a las llamadas urbes del conocimiento del mundo, como Oslo, Massachusetts, Helsinki o Montréal.

Explica que el país pasa por un proceso de transición donde en algunas metrópolis está el capital humano, centros de investigación, sectores productivos de alta tecnología y valor agregado, así como gobiernos dinámicos; sin embargo, -dice-, aún no se conectan .

Añade que para lograr compenetrar las diferentes esferas que integran a estas ciudades en un sistema eficiente y productivo se requiere el desarrollo de políticas públicas en materia de desarrollo y vinculación, las cuales en su mayoría dependen de los congresos municipales.

La debilidad municipal, el escollo en el país

Es aquí donde la posibilidad de ser ciudades del conocimiento encuentra un freno, explica, ya que institucionalmente el municipio como orden de gobierno carece de independencia financiera de la Federación, de recursos, tiempo (con una duración de tres años), niveles altos de profesionalización de sus funcionarios y de interacción verdadera con la ciudadanía.

Agrega que al voltear a otras realidades, principalmente de Asia, Europa y EU, se observa una capacidad de organización política y administrativa muy por encima del municipio mexicano, con mecanismos ágiles de participación ciudadana, de toma de decisiones y de diseño de políticas públicas.

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