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Geopolítica

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Lo sórdido como glamour

Angelina Jolie, Ashley Judd, entre otras actrices acusan al productor de acoso e, incluso, de violación.

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Pongamos las cosas en claro antes de que otro comentarista conservador proponga que la caballerosidad vuelva a ser grande para detener a los Harvey Weinsteins del mundo: No existían buenos “viejos tiempos” para las mujeres. En ningún lugar y ciertamente no en Hollywood. Tratar a las mujeres como productos desechables es una práctica milenaria que trasciende a cualquier industria.

Durante años, lo que los hombres poderosos hicieron en Hollywood, la política o en cualquier otro lugar de la cultura pop, se describió en términos de “seducción”, “sexo, drogas, rock and roll” y “amor libre”, y adquirió un sórdido glamour .

Harvey Weinstein se escondió a la vista porque no había nada extraordinario en que un hombre intentara usar su poder para tener relaciones sexuales con una mujer que de otra manera no estaría dispuesta.

Los abusos de poder varían entre todo tipo de conductas y frecuencias. Suceden tanto en el trabajo como en la alcoba y no todos son ilegales. En mi propio campo, los medios, hay subtuits y textos en los que las mujeres discuten sobre los transgresores; incluso llegó a existir un documento en el que se enlistaban los hombres que se debían evadir, sólo algunos de los cuales fueron acusados de actos weinsteinescos.

Existe un consenso social básico de que el sexo no debe ser forzado y los jefes no deberían insinuarse a los subordinados. Pero en alguna extraña utopía de consentimiento hay un mundo de ambigüedad, en el que aún no sabemos cómo detectar y si es necesario, castigar actos que implican el consentimiento técnico, pero que se sienten como una violación. Un lente tan amplio como lo es el “abuso de poder” significa que es difícil saber qué es lo que cuenta.

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