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La India, capital de medicamentos falsos
El investigador privado Suresh Sati hizo un recuento en voz alta de los populares nombres de marca impresos en las cajas de jarabes para la tos, suplementos, vitaminas y analgésicos que llenan su escritorio y repisas en su oficina.

Nueva Delhi. El investigador privado Suresh Sati hizo un recuento en voz alta de los populares nombres de marca impresos en las cajas de jarabes para la tos, suplementos, vitaminas y analgésicos que llenan su escritorio y repisas en su oficina.
"Se ven auténticos, pero todos son falsos", dice Sati, quien encabeza una agencia de detectives en Nueva Delhi, la cual ayuda a la policía a efectuar redadas contra los cárteles de falsificación de medicamentos en todo el país.
"Un cliente regular no tiene forma de saber si estos medicamentos son falsificaciones.
La indicación más evidente es cuando el precio es anormalmente bajo. En ese caso, casi siempre se trata de medicamentos pirata", dice Sati.
La India es el mayor productor mundial de medicamentos genéricos, pero también se ha convertido en la capital mundial de productos falsificados y de baja calidad.
Envueltos en cajas difíciles de diferenciar de las originales de empresas como GlaxoSmithKline, Pfizer y Novartis, los medicamentos falsos no sólo se venden al consumidor indio, sino que se exportan a países en vías de desarrollo en todo el mundo.
Los expertos indican que la industria de medicamentos falsificados genera 90,000 millones de dólares al año y ocasiona 1 millón de muertes.
Varían mucho las estimaciones sobre cuántos son producidos en la India. El gobierno dice que 0.4% de los medicamentos es falsificado y que los de ínfima o nula calidad representa 8 por ciento.
Las estimaciones independientes indican que las falsificaciones fluctúan entre 12 y 25% que parece acercarse más a la realidad.
Para combatir a los cárteles, las autoridades ofrecen recompensas por datos que conduzcan a capturas han fortalecido la ley para acelerar juicios contra falsificadores, así como las sentencias, las cuales llegan a penas de prisión perpetua.
Parte del problema es que los falsificadores han logrado reproducir, eso sí, con gran calidad, los hologramas, logotipos, empaquetado y hasta códigos de barras de los empaques originales.