París. Después de intentar durante meses organizar una coalición internacional para intervenir en Malí, súbitamente Francia ha empezado por su cuenta el trabajo, únicamente con apoyo al margen por parte de sus aliados occidentales y la largamente prometida pero intangible participación de soldados de los vecinos africanos de Malí.

La decisión de enviar a fuerzas francesas para combatir las milicias islamistas en el norte de Malí sin socios internacionales, africanos o de otro tipo marcó una decisión audaz del presidente FranÇois Hollande. Desde que asumió el poder en mayo, el líder socialista francés ha sido criticado como indeciso y sin experiencia en políticas exteriores, y se había comprometido a terminar el papel de Francia como policía en los conflictivos países africanos.

Hasta el momento, el inesperado cambio ha dado sus frutos; Hollande ha sido aclamado en el país y en el extranjero por su liderazgo. Pero si la operación se llega a atascar en la inmensidad de polvo del norte de Malí, donde los islamistas dominan, podría convertirse en un lastre alrededor del cuello de Hollande y un blanco fácil para la oposición en París, así como para los elementos islámicos y anticolonialistas en todo el mundo.

Hollande indicó que las fuerzas francesas no tienen ninguna intención de permanecer en Malí. Se les ha asignado la misión de doblegar una reciente ofensiva islamista, asegurar la capital, Bamako, y preparar el camino para que una fuerza africana ayude a la restauración de la autoridad del gobierno en el norte de Malí, afirmó.

Francia estaba particularmente equipado para intervenir instantáneamente en Malí.

El Ejército francés ha acumulado una gran experiencia en asuntos africanos tras una serie de intervenciones en las últimas décadas. Además, ha mantenido bases en cinco países de África con cerca de 5,000 soldados, armas, vehículos y aviones.