Washington.- Estados Unidos podría estar en camino a una recesión. ¿Podría ser peor? La respuesta es que sí.

La Gran Depresión, que comenzó con un colapso del mercado de valores en 1929 y duró hasta 1933, marcó a una generación con un desempleo generalizado junto a una caída de la producción económica.

Esta crisis reformó el país, cambió los patrones de migración y generó nuevos estilos de música, arte y literatura.

Bajo la presidencia de Franklin Delano Roosevelt, sin embargo, también se impulsó la creación de una serie de programas como el seguro de desempleo, los beneficios de retiro del Seguro Social y el seguro de depósitos bancarios, lo que hace poco probable que se repita un escenario como aquel.

El camino impredecible y sin precedentes del coronavirus ha trazado paralelos con la Depresión, en particular con las predicciones de que el aumento del desempleo y la caída porcentual en la producción económica podrían rivalizar con los observados en la década de 1930.

Pero para que eso suceda, los números asombrosos que probablemente se registrarán en las próximas semanas (millones de personas que se quedan sin trabajo, disminuciones de dos dígitos en el producto interno bruto) deberían ser profundos y sostenidos durante años, no meses.

"No existe una definición específica de depresión", dijo Bernard Baumohl, economista jefe global del Economic Outlook Group. Pero "es palpablemente diferente", que una recesión en términos de su longitud y profundidad.

En la Gran Depresión, por ejemplo, Estados Unidos eliminó el 20% de sus empleos en tres años, cuatro veces la proporción perdida en la Gran Recesión de 2007 a 2009.

Durante los cuatro años de la Gran Depresión, casi un tercio de la producción estadounidense desapareció. Si bien algunos economistas piensan que la producción anualizada de Estados Unidos retrocederá de abril a junio un 14% o más, pocos piensan que ese tipo de caída persistirá en el tiempo.

El gasto gubernamental hace la diferencia. Los pedidos de subsidios por desempleo se han disparado, pero también lo ha hecho la cantidad de dinero que el gobierno planea transferir a personas y empresas grandes y pequeñas.

Estos "estabilizadores" han demostrado ser poderosos en recesiones pasadas.

Los bancos centrales también importan. Los errores en la política de la Reserva Federal y la imposibilidad de evitar una serie de cierres bancarios posiblemente contribuyeron a la Gran Depresión.

Esta vez, como en el 2007, la Fed y los bancos centrales mundiales se han movido para inyectar efectivo en la economía y promulgar nuevos programas para tratar de limitar el riesgo de quiebras comerciales y desempleo sostenido.

El siguiente paso más importante, según un creciente grupo de economistas y formuladores de políticas, es corregir la respuesta de salud pública de Estados Unidos.

El impulso del presidente Donald Trump para "reabrir" la economía rápidamente conlleva riesgos. Levantar las restricciones de cierre demasiado pronto podría causar una segunda ola de la enfermedad, según un estudio centrado en China publicado esta semana en el Lancet Public Health Journal.

Cuanto mayor sea el costo del virus, y cuanto más dure el brote, mayor será el daño a la economía.

"Lo prioritario es lograr que la propagación del virus sea puesta bajo control y entonces reanudar la actividad económica", dijo el jueves el presidente de la Fed, Jerome Powell.