Abbottabad, Pakistán.-"¡Que nos enseñen el cuerpo!": conmocionados, los habitantes de Abbottabad no tardaron mucho en poner en duda este lunes la presencia y muerte de Osama bin Laden y denunciar, como a menudo sucede en Pakistán, una "puesta en escena norteamericana".

Este policía lleva cerca de 15 horas de plantón al borde de un campo de judías verdes y patatas, encargado de cerrar el paso a los curiosos atraídos por la última vivienda de Bin Laden, rodeada por decenas de soldados.

Y sin embargo, tampoco él se cree la muerte del jefe de Al Qaida.

"Nosotros no hemos visto nada. Nos dijeron que viniéramos a las tres de la mañana, pero la operación ya estaba terminada", explica señalando la gran mansión rodeada de altos muros de cemento a unos 400 metros de distancia.

Por la mañana, los habitantes de Abbottabad se despertaron con la atención del mundo súbitamente centrada en ellos tras el anuncio sorpresivo por Washington de que fuerzas especiales estadounidenses habían localizado y matado a Bin Laden por la noche en esa casa del barrio de Bilal Town.

En esa encantadora ciudad de montaña que no ha conocido la violencia desde hace diez años, mientras el resto de Pakistán ha sufrido innumerables atentados, y en una sociedad dispuesta siempre a elucubrar con teorías de conspiraciones, y más si Estados Unidos está de por medio, la sorpresa dio paso pronto a la duda.

Bashir Qureshi, un jubilado de 61 años, está sentado con su nieto en brazos en el quicio de la puerta de su casa, a unos cientos de metros del refugio del jefe de Al Qaida. Sonríe cuando le hablan de la operación.

Sus cristales han estallado durante el ataque nocturno norteamericano, marcado por la caída de un helicóptero no lejos de allí. Pero eso no quita para que hable de complot. "No se lo cree nadie. Nunca hemos visto un árabe por aquí", asegura.

La presencia del jefe de Al Qaida, al que imaginaban más bien en algún pueblo inaccesible de las zonas tribales del noroeste, parece más incongruente si cabe porque, a menos de 2 km, el Ejército pakistaní forma a miles de jóvenes reclutas en la academia militar Kakul.

"¿Bin Laden vivía cerca de Kakul y de los servicios de información? No me lo creo. Esto es una puesta en escena organizada por Estados Unidos con la complicidad del Gobierno pakistaní", clama Nihmatullah, un ingeniero.

Y por la tarde, el anuncio por Washington de que el Ejército norteamericano había hundido el cuerpo del jefe de Al Qaida en el mar de Omán, sumado a la falta de pruebas de su muerte, dio más argumentos a los incrédulos, incluyendo a los más educados, para alimentar su teoría.

"Si está muerto, ¿por qué no enseñan su cadáver? Es solo una puesta en escena norteamericana", dice tajante Shakeel Ahmad, un farmacéutico de Bilal Town.

"Ya han anunciado su muerte varias veces, ¿cuántas vidas tiene?", sonríe por su lado Waseem Iqbal, un gerente inmobiliario, apoyado en su moto.

Como muchos vecinos del barrio, estima que Estados Unidos ha organizado la operación en este ciudad-guarnición "para desacreditar al Ejército pakistaní".

"Estados Unidos quiere irse de Afganistán. Afirman que Osama está muerto y así tienen una excusa para irse", avanza por su lado Shakil Ahmed, empleado de una firma farmacéutica.

"Todo esto es solo un juego", asegura Atahullah Shah, un estudiante de 17 años, que lleva unos vaqueros y zapatillas de deporte. Según él, "Obama lo ha hecho queriendo, justo antes del décimo aniversario del 11 de septiembre y para ganar las próximas elecciones".

Desde Islamabad, el analista político Imtiaz Gul advierte: "Mientras los estadounidenses no presenten la prueba" de la muerte de Bin Laden, "prevalecerá el escepticismo", sobre todo en Pakistán.

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