San José. Cuando en el 2015 la diputada Epsy Campbell propuso sacar el clásico infantil Cocorí de las lecturas obligatorias en las escuelas de Costa Rica por sus estereotipos racistas, las amenazas anónimas no se hicieron esperar.

Tres años después, Campbell hará historia al asumir el 8 de mayo como la primera mujer afrodescendiente en ocupar la vicepresidencia en Costa Rica, y en América Latina, como parte del gobierno de centroizquierda del joven novelista y exministro oficialista Carlos Alvarado.

Su elección ha generado titulares en América Latina, donde 30% de la población se considera afrodescendiente, unos 200 millones de personas, pero sólo ocupan 1.5% de los 5,000 escaños en la región, según datos del Parlamento Negro de las Américas, un grupo de legisladores que busca aumentar la diversidad en la política.

“La sorpresa implica una evidencia: hay unas brechas demasiado grandes”, dijo la economista de 54 años en una entrevista a Reuters.

Pese a sus casi dos décadas en la arena política, Campbell reconoce el vértigo que siempre implica ser pionera, pero espera que su elección sea un paso importante en la “normalización” de la presencia de mujeres y minorías en el poder.

“Las mujeres que abren camino pagan un precio por estar ahí”, dijo al analizar las expectativas sobredimensionadas que siempre genera la elección de una mujer para altos cargos de Estado. “Es ingrato que, como somos la excepción, nos analizan como ratas de laboratorio”, agregó.

“Ésta es una sociedad ‘progresista de clóset’. Es capaz de aceptar un montón de cosas siempre que no se hablen”, dijo para explicar cómo Costa Rica, un país mayoritariamente conservador y profundamente religioso según las encuestas, dio su apoyo a uno de los pocos partidos que defendió el matrimonio entre personas del mismo sexo.

Desde la vicepresidencia, Campbell espera impulsar iniciativas para reducir las desigualdades de género, incluyendo facilitar el acceso de las mujeres al mercado laboral, fortaleciendo los centros públicos para cuidado infantil, negociar vías para reducir la brecha salarial o dar más recursos para atender los casos de violencia machista, pero cree que la mejor política es el ejemplo.

Descendiente de inmigrantes jamaicanos, su activismo por la igualdad comenzó temprano en su propia familia. Ahora su mayor esperanza son las nuevas generaciones, como sus dos hijas y sus dos nietos, que ve más tolerantes y menos prejuiciosos.