México ha avanzado en la cobertura de educación superior, la cual llega actualmente a una tasa de 34.8 por ciento. Sin embargo, de poco servirá continuar mejorando el acceso de la población a una universidad si éstas no se alinean con el mercado laboral.

Desde la óptica de Javier Treviño, ex subsecretario de Educación Básica, en nuestro país continúan sin verse por completo los beneficios de estudiar en la universidad. Eso lo confirma que uno de cada dos egresados se emplea en un trabajo que no requiere educación superior y uno de cada cuatro está en la economía informal.

“No hay una conexión, no se está hablando el sistema educativo con el mundo de las empresas y la necesidad de trabajar. Los estudiantes necesitan sin duda más apoyo para tener éxito en sus estudios, pero también para conectarse con el mundo laboral, no basta con tener buenas calificaciones”, dijo Treviño.

Pero esta coordinación entre sistema educativo y mercado laboral no es el único desafío de la educación superior en nuestro país. La desigualdad es un problema que hay que atacar y que se refleja “dramáticamente en la educación superior”.

Así tenemos, expuso Javier Treviño, director general de Sector Gobierno de GINgroup, que sólo 6.6% de la población indígena tiene estudios superiores. En Oaxaca, Chiapas y Guerrero sólo uno de cada cinco  jóvenes indígenas tiene la oportunidad de estudiar una carrera.

Es decir, en la última década México ha incrementado su cobertura educativa, pero una parte de la población se queda fuera.

“Tenemos que ver qué está pasando en cada una de las entidades, qué está pasando en estados como Oaxaca, Michoacán, en todo el sur, en Chiapas. Hay un gran reto en materia de educación superior. Entre 2001 y 2018 la cobertura aumentó en todas las entidades, pero las brechas se ampliaron”, expuso.

México todavía no tiene una cobertura pareja. Treviño detalló que el número de alumnos provenientes de lugares desfavorecidos creció en la última década, pero la cobertura para jóvenes en hogares con bajos ingresos continúa en niveles bajos.

“La desigualdad en el acceso a la educación superior se refleja en la matrícula. Del total de alumnos inscritos sólo 9% proviene de las zonas más pobres del país”.

El desafío de las competencias

Las universidades también tienen el reto de desarrollar en los estudiantes las competencias que ya está demandando el mercado laboral.

“Las profesiones sí deben adaptarse a la Industria 4.0. Y estamos viendo que en educación superior la tarea se hace muy despacio, ahí tenemos que ir trabajando con nuevas ideas. La expansión que se pretende de la educación superior en México sólo va a aprovecharse si se permite a los estudiantes integrarse a un mercado de trabajo que requiere calidad, competencias digitales, el dominio de nuevas tecnologías, la capacidad de innovación y la capacidad de aprender, desaprender y adaptarse al cambio”, expuso.

Aseguró que el desarrollo de talento de alto nivel seguirá siendo el factor crítico para México. “El modelo de educación superior requiere de una gran transformación”.

Por otra parte, enfatizó que las nuevas generaciones deben estar conscientes de que ante un nuevo panorama laboral es importante tener la disposición de aprender cosas nuevas durante toda la carrera. Pero también las empresas tienen tarea en promover la capacitación y ser más flexibles ante los cambios.

De cara a una automatización de los procesos de trabajo, hay cinco habilidades indispensables para no encontrar amenazas en los robots: originalidad, pensamiento crítico, iniciativa, liderazgo, comunicación y colaboración.

“Eso no tiene nada que ver con la tecnología, eso se lo podemos enseñar a nuestros jóvenes”, concluyó.