Durante su primer mes de gobierno, el presidente Donald Trump envió a la banca al Departamento de Estado. Su protagonismo de larga data fue relegado a pequeñas actividades.

Su secretario, Rex Tillerson, ha actuado marginalmente y en arenas de escaso protagonismo. Ha sido la Casa Blanca quien ha operado al interior de la secretaría de Estado en varias actividades, como por ejemplo, contrataciones.

El cambio más visible en el Departamento de Estado es la ausencia de conferencias de prensa diarias, una actividad que inauguró el secretario de Estado John Foster Dulles en la década de 1950. Las sesiones de preguntas y respuestas televisadas fueron observadas con atención en todo el mundo, y las administraciones de la política exterior anteriores han destacado con orgullo la responsabilidad de tener voceros del gobierno a disposición de la prensa nacional y extranjera casi todos los días.

Otro asunto notable es la ausencia de Rex Tillerson en eventos importantes, como las audiencias en la Casa Blanca con el primer ministro canadiense, Justin Trudeau, o el encuentro de Trump con el presidente japonés, Shinzo Abe. En el lugar de Rex estuvo Tom Shannon, diplomático que asumió las funciones de secretario de Estado desde el 20 de enero al 1 de febrero, día en que el Senado ratificó a Tillerson.

Rex tampoco pudo reunirse con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, en esta ocasión por problemas de agenda ya que se encontraba viajando a Alemania para participar en la reunión del G20.

Se dice que un termómetro que ayuda a medir el orden o desorden de la Casa Blanca es el desempeño del secretario de Estado.

Rex Tillerson tiene una curva de aprendizaje en cero. Colocarse frente a la prensa lo convertiría en un personaje vulnerable.

Trump continúa confiando sólo en su círculo de asesores. Por ejemplo, Stephen Bannon asiste a las reuniones de seguridad nacional y recientemente habló con el embajador de Alemania. Por su parte, Jared Kushner, yerno de Trump, es quien lleva la relación con Israel. Ambos podrían restar eficiencia a Rex Tillerson.

Tillerson no está siendo marginado, lo que sucede es que se encuentra atrapado entre varios centros de poder que inclusive pueden competir entre sí, y un presidente que desea jugar un papel importante en la ejecución de la política exterior aunque su inexperiencia lo convierte en incapaz , opina Aaron David Miller, ex diplomático que asesoró a presidentes republicanos y demócratas en materia de Oriente Medio. El problema es pensar que una cascada de tuits es la forma de articular la política exterior , sentencia Miller.

Hasta ahora, las actividades diplomáticas de Tillerson se limitan a reuniones con varios ministros de Exteriores que lo han visitado en Washington y llamadas telefónicas con diplomáticos.

A diferencia de las administraciones anteriores, el Departamento de Estado de Tillerson no ha compartido breves notas sobre sus conversaciones públicas. Por ejemplo, después de que Tillerson se reuniera con la jefa de Política Exterior de la Unión Europea, Federica Mogherini, en este mes, el Departamento de Estado no hizo absolutamente nada, mientras que Mogherini llevó a cabo una detallada conferencia de prensa.

Creo que es difícil salir y hablar con la prensa, si usted no sabe qué decir , dijo Richard Boucher, un diplomático de carrera y ex vocero de gobiernos republicanos y demócratas. Así que no tiene mucho que decir y tampoco sabe cómo utilizar a la prensa para influir .

En algunos casos, los gobiernos de los países que no son democracias han sido más transparentes que el Departamento de Estado. Las conversaciones telefónicas de Tillerson con los ministros de Exteriores de Rusia y Egipto, así como una con el rey de Arabia Saudita, Salmán bin Abdulaziz , salieron a la luz pública sólo cuando los funcionarios de esos países lo transmitieron a medios locales.

Tillerson habla frecuentemente con Trump y se reunió con él antes de salir a México el pasado miércoles.

Rex Tillerson tendrá que darse cuenta de que su ausencia representa una ausencia de EU en el mundo.