Una aficionada a las armas de fuego, sospechosa de ser una agente encubierta rusa, probablemente estuvo en contacto con agentes del Kremlin mientras vivía en Estados Unidos, indicaron fiscales en documentos presentados en la corte en los que también se le acusa de recurrir a ofertas sexuales y prácticas engañosas para forjar lazos influyentes.

Maria Butina, de 29 años, fue espiada por el FBI mientras cenaba en privado con un diplomático ruso sospechoso de ser un agente de inteligencia encubierto, pocas semanas antes de que el diplomático abandonara Estados Unidos en marzo, dijeron los fiscales.

Butina, que además estaba en contacto constante con la inteligencia rusa, asistió a un baile en la toma de posesión de poder de Trump en enero del 2017 y trató de organizar una reunión entre él y un alto funcionario del gobierno ruso en un evento del año pasado, narra un amplio reportaje publicado por The Washington Post.

Los señalamientos, contenidos en documentos entregados en la corte y dirigidos a persuadir al juez de que mantenga a Butina bajo custodia, se agregan al retrato de una mujer rusa que, según el Departamento de Justicia, trabajó subrepticiamente para establecer canales de comunicación con el Kremlin e infiltrarse en organizaciones políticas estadounidenses, incluida la Asociación Nacional del Rifle, y recopilar información de inteligencia para un alto funcionario ruso a quien daba parte.

Los fiscales también alegan que tuvo una relación personal con un agente político estadounidense y que también ofreció sostener relaciones sexuales a otra persona a cambio de un puesto en una organización con intereses especiales.

Varios medios identificaron a ese individuo como Paul Erickson, un recaudador de fondos republicano.

Butina, ya en prisión, espera un juicio bajo cargos de conspiración y de actuar como agente extranjera no registrada para Rusia. Todo ocurre durante la cumbre entre Putin y Trump.