Después de haber permanecido inusualmente en silencio durante el fin de semana sobre la reacción que tuvo la dueña del restaurante Red Hen de solicitarle a la vocera de la Casa Blanca que se retirara del lugar, Donald Trump se convirtió el lunes por la madrugada en crítico culinario a través de Twitter.

Analicemos el tuit del presidente y qué partes de sus comentarios tuvieron la verdadera intención de defender a su vocera, Sarah Huckabee Sanders.

Como casi todos saben, Sanders cenaba en compañía de amigos en el restaurante Red Hen en Lexington, Virginia, cuando la propietaria, Stephanie Wilkinson, le pidió a la vocera que abandonara el lugar.

Parte uno del tuit de Trump: “El restaurante Red Hen debe preocuparse más por limpiar sus sucios toldos, puertas y ventanas (necesita urgentemente un trabajo de pintura) en lugar de negarse a servir a una persona excelente como Sarah Huckabee Sanders”.

Es probable que Trump estuviera observando la página web del restaurante Red Hen.

¿Esa es la forma correcta de defender a su vocera?

Sería una mentira no admitir que la escena en la que piden a Huckabee que salga del restaurante es lamentable. Genera desprecio e intolerancia.

¿Por qué razón la escena es peligrosa para nuestra sociedad?

Cuando las empresas estadounidenses dejan de prestar servicios a personas que no les agradan, ya sea por su política, su trabajo, el color de su piel, estamos rompiendo el pacto social de una sociedad civilizada.

En la misma semana que ocurre el incidente a la vocera del presidente, se presentaron los siguientes casos:

—Se le pidió a una mujer transgénero que abandonara un animado restaurante cubano en el centro de Washington por intentar usar el baño de mujeres.

—Un farmacéutico de Arizona le negó la venta de medicamentos abortivos a una mujer aduciendo objeciones morales.

—A una pareja negra se le negó la compra de una botella de sake en Maine después de que le cuestionara al vendedor la razón por la que les pidió sus identificaciones.

—Un gerente de un Burger King de Louisiana se negó a tomar la orden de dos alguaciles porque no le agradan los policías.
Comprendo, es repulsivo el acto de servir a una persona con la que no se está de acuerdo. Como periodistas en ocasiones entrevistamos a violadores. Sin embargo, nosotros elegimos nuestras profesiones. Nuestras actividades conforman el tejido social, por eso no debemos rechazar lo que sabemos hacer.

No vale la pena despreciar.