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Geopolítica

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¿Cómo fue que Jimmy Carter perdió el conflicto en Irán?

Presiones internas frente a convicciones personales; vacilaciones de Donald Trump

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La reciente decisión que tomó el presidente Donald Trump de no certificar el acuerdo nuclear con Irán, es eco de otra decisiva decisión presidencial sobre Irán tomada hace 38 años.

El 21 de octubre de 1979, el presidente Jimmy Carter autorizó al depuesto Sha de Irán, Mohammad Reza Pahlevi ingresar a los Estados­ Unidos para recibir un tratamiento médico contra el cáncer; la decisión arrojó consecuencias catastróficas.

Carter cometió un error estratégico. El 1 de noviembre, el nuevo líder de Irán, el clérigo islamista chiíta, el ayatolá Ruhollah Jomeini, encabezó una revolución islamista que buscaba un nuevo gobierno, argumentando que el Sah era un “títere” de los intereses de Estados Unidos.

Tres días después, el 4 de noviembre, la embajada de Estados Unidos en Teherán fue tomada por milicianos.

Mientras el presidente Trump traza un nuevo rumbo estratégico con respecto a una de las naciones más poderosas de Medio Oriente, los pasos en falso que dio Carter­ le pueden ofrecen valiosas lecciones: cuando el país que se desea analizar es Irán, se debe de verificar que la información que se maneja es lo suficientemente precisa para evitar un malentendido; se deben de ponderar todos los riesgos posibles; y finalmente, se debe de medir la percepción que tendrán los iraníes sobre las decisiones que los estadounidenses tomarán.El brindis por la estabilid

El brindis por la estabilidad

Al igual que sus predecesores, Carter­ consideró a Shah Mohammed Reza Pahlavi un aliado y amigo. En diciembre de 1977, visitó Teherán­ y brindó por el sha por hacer de Irán “una isla de estabilidad” y por “la admiración y el amor que su gente le brinda”. Fue un brindis delirante, que demostró una total falta de comprensión de  Carter sobre la herencia histórica y los fuegos políticos que rodean a Irán.

El apoyo de Carter al sha no se vio de manera inmediata al momento del colapso del régimen. Cuando el sha huyó, Carter le ofreció acceso a una finca privada en California. El sha declinó, optando en su lugar por Egipto y Marruecos como refugios de los que podría nutrir mejor su esperanza, completamente irreal, de una restauración de su trono.

Dieciséis días después de la partida del sha, Jomeini regresó después de 10 años de haber estado en el exilio. Recibió la bienvenida de un héroe de millones de iraníes. Durante los meses siguientes, gradualmente se consolidó en el poder en medio de un entorno político volátil, estableciendo la República Islámica de Irán y atribuyéndose el liderazgo a sí mismo.

El regreso de Jomeini a Irán despertó a Carter, y frente a él, los riesgos políticos de su asociación con el sha. En cuestión de semanas, milicias extremistas seguidores de Jomeini invadieron la embajada de Estados Unidos y mantuvieron cautivos a los diplomáticos durante varias horas antes de que los ministros del gobierno secular negociaran su liberación.

Las puertas abiertas en México

Diplomáticos estadounidenses en Teherán se esforzaron por estabilizar las relaciones entre Estados Unidos e Irán mediante la negociación de diversos asuntos financieros, legales y políticos, con el gobierno del primer ministro interino Mehdi Bazargan.

Esos diplomáticos informaron que las pasiones anti-shah eran tan candentes que continuar con los vínculos con el monarca depuesto, comprometería los intereses estadounidenses y pondría en peligro a sus funcionarios en Irán.

Admitiendo al sha en los Estados­ Unidos, el embajador William­ H. Sullivan advirtió proféticamente: “Casi con certeza dará lugar a una reacción inmediata y violenta” que Jomeini no querrá contener.

Finalmente, reconociendo la intensidad de la pasión anti-shah entre el pueblo iraní, Carter le retiró su oferta de asilo.

El reconocimiento de Carter de esta realidad política fue inmediatamente rechazado entre la clase política de su país. Conservadores influyentes, algunos dentro de su administración, lo presionaron para respaldar al sha. El consejero de Seguridad Nacional, Zbigniew Brzezinski, junto con prominentes republicanos como Henry Kissinger­ y David Rockefeller, hicieron lo propio.

Kissinger linchó a Carter por tratar a un viejo aliado “como un holandés errante que busca un puerto de escala” y amenazó con quitarle el apoyo en el tratado SALT II, uno de los objetivos diplomáticos más importantes de Carter que tenía por objetivo el control de misiles nucleares entre la Unión Soviética y Estados Unidos.

Los conservadores utilizaron su influencia para abrir las puertas para el sha en las Bahamas y México­ luego de que las condiciones políticas lo obligaron a abandonar Marruecos.

Cuando Carter expresó su preocupación por la posibilidad de que ocurriera una ola de violencia en Irán en contra de los intereses de Estados Unidos, Brzezinski respondió que “lo que estaba en juego era nuestro compromiso tradicional con el asilo y nuestra lealtad a un amigo”.

Carter titubeó bajo la presión en octubre de 1979. Después de saber que el sha tenía cáncer, los conservadores apelaron a los valores humanitarios y religiosos del presidente estadounidense, diciéndole que la condición del sha era grave y que no podría sobrevivir a menos que recibiera un tratamiento sólo disponible en Nueva York.

El 21 de octubre, Carter autorizó la entrada inmediata del sha en los Estados Unidos. Al hacerlo, no consideró alternativas viables que hubieran sido consistentes con sus valores, como por ejemplo, el envío de médicos y equipo calificados para tratar al sha en México.

Cuando en Irán se supo de la llegada del sha a Nueva York, el entorno estalló. Jomeini declaró: “Estados Unidos será confrontado de manera diferente por nosotros”.

Esperemos que Trump no cometa un error estratégico. No haber certificado el acuerdo nuclear no es un paso prometedor.

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