Nueva York. Lo lamentable del caso de Debrahlee: Me despidieron porque era demasiado sensual , Lorenzana es quien captura la atención pública a pesar de tratarse de una rara excepción de discriminación de género en Wall Street. Lo peor es que Lorenzana lleva a cabo un débil esfuerzo para explotar el caso, en beneficio de todas, menos del suyo.

Bajo la óptica de las normas egoístas del capitalismo de Wall Street, el caso resulta perfecto. Además, ella no tiene ninguna obligación de convertirse en una activista contra la discriminación de género. Pero bajo las normas de las mujeres que la precedieron luchando por igualdad en la industria financiera, resulta una enorme desilusión.

En caso que usted haya estado secuestrado por extraterrestres en la última semana, Lorenzana es la exejecutiva de Banca Corporativa de Citigroup, quien afirma haber sido despedida en agosto pasado por discriminación de género. Asegura que sus jefes le indicaron que debía alterar sus atuendos, porque su cuerpo y su belleza eran demasiado para sus cretinos colegas masculinos. Sencillamente no se podían concentrar en su trabajo cuando ella andaba cerca.

La noticia de su disputa con Citigroup, que desestima su demanda por carecer de méritos, explotó con una noticia de primera plana en el diario The Village Voice: ¿Demasiado sensual para ser banquera? Acompañaban la nota 26 fotos de Lorenzana posando sensualmente en vestidos de noche, ilustraciones dignas de un anuncio de servicio de acompañantes. Mi reacción inmediata fue, ¿en qué estaba pensando al vestirse así?

Las mujeres que demandan a una institución financiera se meten en un proyecto de alto riesgo, sin importar las circunstancias. Muchas nunca regresan a trabajar, ciertamente no en Wall Street. Algunas sufren colapsos mentales por la tensión. Nunca olvidaré a la demandante que sufrió un infarto cerebral y, luego regresó al tribunal a objetar el arreglo alcanzado en el célebre caso Boom Boom Room contra Smith Barney en los 90, una demanda de alto perfil que obligó al banco a protegerse con todo. Ésas eran valerosas pioneras que intentaron, aunque con éxito limitado, mejorar las condiciones en Wall Street para gente como Lorenzana.

Dadas las escasas posibilidades de una mujer al enfrentar a un gigante financiero, ¿qué caso tiene otorgar al demandado o a un juez o árbitro, motivos para cuestionar su buen juicio? Para mí, Lorenzana puede vestir lo que quiera o posar para la revista que quiera, pero no alcanzo a entender los profundos escotes o las falditas de porrista cuando pretende demostrar el mal juicio de los sexistas.

Según dijo Lorenzana en una entrevista televisiva, la meta de su cruzada es que las mujeres no tengan temor de hablar contra la discriminación. Sin embargo, ese ideal ha sido eclipsado por la cobertura noticiosa, que se centra en la talla de su sostén o lo apretado de sus pantalones.

Por si le interesara, hay muchos tópicos que podría acometer, por ejemplo las pobres estadísticas de la mujer en las finanzas, que en su mejor año llegan a 30% de los ascensos. Lorenzana tiene una tribuna envidiable. A menos de que lo que le interese sea una carrera como modelo, bien haría en utilizarla.