El sábado 4 de agosto quedó en intento fallido el supuesto ataque con drones cargados de explosivos en contra del presidente venezolano Nicolás Maduro.

Nueve días antes, y al otro lado del mundo, unos terroristas afirmaron haber enviado un dron armado para que atacara el aeropuerto internacional de Abu Dabi, capital de los Emiratos Árabes Unidos.

Nadie fue asesinado en ninguno de los casos, y las circunstancias de ambos permanecen con muchas dudas. De lo que no cabe ninguna duda es que ha iniciado una nueva era peligrosa de terrorismo no patrocinado por el Estado, y nadie está adecuadamente preparado para contrarrestarla.

En Abu Dabi, los rebeldes houthi de Yemen dijeron que habían lanzado un ataque con drones en contra del aeropuerto. Las autoridades de los EAU niegan que el incidente haya ocurrido, pero la verdad es que, técnicamente, es posible; de hecho, no es nada difícil que los rebeldes lo hayan hecho debido a su capacidad que tienen para llevarlo a cabo.

Para reforzar lo anterior, existe la amplia creencia de que los hutíes (grupo insurgente chiita) están siendo asesorados por los servicios de seguridad de Irán , que han demostrado una capacidad impresionante para desarrollar este tipo de ataques.

Por su parte, el presidente venezolano y su esposa Cilia Flores no sufrieron heridas sobre el supuesto ataque, cuando ambos se encontraban en un evento especial de la Guardia Nacional. Maduro señaló como culpables a sus opositores políticos.

Ambos episodios alentarán a personas irritadas y a otros grupos con conocimientos tecnológicos a usar drones para cometer actos de violencia política.

Si bien las noticias de los acontecimientos en Venezuela y los Emiratos Árabes Unidos son inquietantes, el intento fallido en Abu Dabi es especialmente preocupante debido a las múltiples muertes que pudo haber causado la destrucción de un avión comercial.

Si los drones llevaran sólo una pequeña cantidad de explosivos, podrían derribar un avión comercial que se encuentre despegando o aterrizando.

La mayoría de los detectores de drones no los ubica cuando vuelan a baja altura. De ahí su peligro.

Proteger a jefes de Estado de ataques de drones es una tarea difícil. Las amenazas sobre ese tipo de ataques permanecían exclusivamente en los Estados-nación. Ahora, con la tecnología necesaria en manos de civiles, muchas personas se unirán a este tipo de terrorismo. Los dos casos descritos confirman la teoría.