Un acuerdo tentativo entre la administración Trump y los talibanes parecería ofrecer a Estados Unidos una forma negociada de salir, por fin, de la que ha sido su guerra más larga, un escenario que la mayoría de los estadounidenses agradecería.

Desafortunadamente, Estados Unidos parece llegar a un acuerdo, pero en los términos del enemigo. Las fuerzas estadounidenses abandonarían el país, pero no habría ninguna garantía de que el gobierno y el orden político que han defendido durante 17 años sobrevivirían. Tampoco existen garantías sobre la sobre existencia de los derechos civiles de las mujeres.

Como lo describió el enviado especial de Estados Unidos a Afganistán, Zalmay Khalilzad, el marco para un acuerdo alcanzado en las conversaciones de la semana pasada comienza con un compromiso de Estados Unidos de una retirada de tropas y un compromiso talibán de evitar que el territorio afgano sirva como base para el terrorismo internacional.

Khalilzad dijo que el acuerdo se complementaría con una declaración de alto el fuego por parte de los talibanes y conversaciones con el gobierno afgano, pero los terroristas no han comentado nada.

El grupo debería realizar consultas internas sobre estos temas antes de reanudar las conversaciones el próximo mes.

De no acordar de manera completa la paz en Afganistán, el retiro de las fuerzas de Estados Unidos y la OTAN dejaría al gobierno afgano profundamente vulnerable.

El ejército estadounidense y sus fuerzas policiales han estado sufriendo bajas y han perdido terreno frente a los talibanes, incluso con el respaldo de un modesto número de tropas occidentales.

Si bien es cierto que algunos analistas creen que los talibanes no intentarán recrear el régimen fundamentalista y profundamente represivo que lideraron hasta fines del 2001, siguen siendo implacablemente hostiles contra la democracia.

Las mujeres afganas desconfían del repliegue talibán. Tampoco está clara la forma en que los terroristas cumplirían su promesa de “evitar que Afganistán se convierta en una plataforma para grupos o individuos terroristas internacionales”, como lo describió Khalilzad al New York Times.

El fin de la guerra en Afganistán es deseable, pero no a costa de todo lo que Estados Unidos ha ayudado a construir en ese país desde el 2001, incluida una sociedad civil donde las niñas van a la escuela.

El presidente Ashraf Ghani advirtió el lunes que cualquier apresuramiento de un acuerdo podría devolver a Afganistán al caos que vio luego de la retirada soviética.