La tecnología está revolucionando la abogacía y lo seguirá haciendo a pasos agigantados. ¿Realmente estamos conscientes y preparados como abogados para enfrentar esta renovación tecnológica? ¿Podemos convertirnos en abogados obsoletos en tres, cinco o 10 años? Más aún ¿las universidades están preparando a las nuevas generaciones de abogados para enfrentar esta transformación tecnológica?

La tecnología es imparable. Ha transformado a otras profesiones y lo está haciendo también con los abogados. Estudios de la Universidad de Oxford demuestran que 47% de los empleos en los Estados Unidos de América está en riesgo debido al crecimiento de la tecnología. 

Pensemos en Kodak en los años 90. Kodak fue una empresa a nivel mundial que llegó a tener más de 140,000 empleados alrededor del mundo y 90% del mercado norteamericano de películas y rollos fotográficos. Era muy difícil imaginar la caída de Kodak, sin embargo, la tecnología generó que los consumidores dejaran de imprimir fotografías y, en su lugar, guardaran imágenes en memorias, computadoras o las tuvieran en la nube. En el año 2012, Kodak se declaró en quiebra. Ejemplos sobran: movilidad, hospedaje, logística, distribución y entrega de productos, entre otros, en virtud de las nuevas plataformas tecnológicas. La tecnología nos puede llevar al punto en que muchas profesiones o sectores de la economía pueden volverse obsoletos. 

La profesión jurídica no está exenta. Los abogados debemos dominar las ramas de derecho tradicionales, como derecho civil, mercantil, penal, laboral, administrativo o constitucional. No obstante, la sociedad demanda profesionales del derecho con conocimientos en blockchain, criptomonedas, smart contracts, fintech, big data, online dispute resolution, usos prácticos y legales de la inteligencia artificial, insurtech, medtech, internet of things y otras más. Además, la tecnología plantea retos como el derecho de los robots, derechos digitales y jurisdicción en el ciberespacio, patrimonio digital, comercio electrónico, delitos cibernéticos, policía predictiva, difamación digital y otras derivaciones adicionales. 

Un estudio de Coindesk señala que de las 50 universidades líderes del mundo, al menos 56% tiene una materia o clase de criptos o blockchain. Además, el estudio señala que en el año 2019, la enseñanza de las cripto y blockchain ha incrementado no sólo en los departamentos de ciencias computaciones, sino en una serie de facultades, como en derecho:

En México aparentemente existen 2,251 escuelas de derecho, de las cuales 1,911 están activas en sus programas, y solamente en la Ciudad de México y Estado de México se encuentran 340. Si tomamos en cuenta que existen 205 escuelas de derecho en los Estrados Unidos , significa que en México existe aproximadamente una escuela de derecho por cada 62,548 habitantes, mientras que en los Estados Unidos existe una facultad de derecho por cada 2 millones 583,183 habitantes. La proliferación de escuelas de derecho en México es preocupante. Más alarmante aún es que las facultades de derecho del país prácticamente no incluyen como materias obligatorias 8 en su plan de estudios materias o asignaturas sobre de derecho de las tecnologías, uso de herramientas tecnológicas para abogados o blockchain, criptomonedas, smart contracts, fintech, big data o cuestiones similares. 

Sería muy optimista pensar que los abogados no estamos expuestos a este cambio tecnológico. Por el contrario, el ejercicio de la abogacía está tomando un giro vertiginoso y deberemos adaptarnos a la ola tecnológica. Las universidades, la judicatura, las organizaciones de abogados y la sociedad en general debemos hacer un frente común para estar al nivel que los nuevos tiempos nos están exigiendo.

Omar Guerrero R. es Socio en Hogan Lovells. Juan Arturo Dueñas R. es Asociado Senior en Hogan Lovells.

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