Entender el poder del diseño y de la innovación dentro de la función jurídica nos permitirá distinguirnos entre la competencia y reducir barreras entre el departamento jurídico y el de negocio creando valiosas sinergias para toda la organización.

Conceptos como design thinking o inteligencia artificial están todos los días en boca de los empresarios y directores generales, pero es difícil encontrarlos entre las conversaciones de los juristas que les atienden. 

La innovación puede implicar herramientas tecnológicas como software para la administración de contratos, big data para el análisis masivo de información, blockchain para la elaboración de contratos inteligentes, entre otros. No obstante, a veces requiere únicamente de la voluntad para pensar fuera de la caja. Para lograr este tipo de pensamiento, existe una herramienta poderosa llamada diseño. 

Aunque la relación entre diseño y derecho pudiera sonar antinatural, lo cierto es que su puente es la creatividad, la cual está en el ADN de todo abogado.

Si bien decir que el abogado es un profesionista creativo podría provocar más de una carcajada entre los departamentos de innovación, me permito soportar lo dicho con un ejemplo: se necesita mucha creatividad para lograr diseñar la estrategia jurídica adecuada que satisfaga la necesidad del cliente por muy retador que sea el caso en concreto. 

El resultado de dicha relación es el legal design, el cual, entre otras cosas, consiste en aplicar los principios del diseño al ámbito jurídico de manera que el derecho se vuelva entendible por más personas. Este tiene su origen en el movimiento design thinking que, según Thomas Lockwood, es un proceso de innovación que se centra en las personas y se basa en la observación, colaboración y aprendizaje. Hace referencia a métodos muy variados para resolver un problema. 

Para aplicar esta herramienta propongo tres pasos: 

  1. Centrarse en el usuario. Antes de comenzar a diseñar la estrategia jurídica o redactar el documento, piensa en la experiencia que le generará tu estrategia o documento al usuario (el cliente de tu cliente o la persona que leerá esa sentencia). Combina mediante tu creatividad innata la certeza jurídica con este principio y así crearás o ayudarás a crear experiencias fabulosas para ellos (y tu cliente lo agradecerá). Cabe mencionar que el diseño de experiencias de usuario, mejor conocido por sus siglas en inglés UX, se ha convertido en una de las áreas más importantes de toda empresa de productos y servicios, por lo que el servicio legal no debe quedarse fuera de esta tendencia.
  2. Utiliza un lenguaje sencillo. El movimiento internacional por el lenguaje claro está tomando cada vez más auge y en Latinoamérica. Hay literatura especializada en lenguaje claro aplicado al ámbito jurídico (véase “Lenguaje ciudadano y derechos de las víctimas: hacia una justicia comprensible para todos” publicado por el Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal, en el 2012 o Ley Federal de Transparencia y Acceso a la Información Pública, que hace referencia a la importancia de tener un lenguaje sencillo en la información generada por sus sujetos obligados). Utilizar un lenguaje claro además ayuda a generar un verdadero acceso a la justicia para todos, no importa el nivel educativo.
  3. Rediseña continuamente. Si algo tienen las metodologías de trabajo nuevas adoptadas por casi todas las empresas en la ola de la transformación digital, es que nunca se consideran terminadas y siempre están innovando y preguntándole al usuario qué opina. Esta retroalimentación y mejora continua la podemos aplicar a nuestros procesos legales preguntándole a un no abogado si entiende lo que escribimos (o incluso al colega que se dedica a otra rama del derecho) y cuestionándonos siempre el por qué hacemos las cosas de cierta manera, tal vez encontremos que un formato, dictamen o contrato pueden reinventarse. 

Con estas herramientas estás listo para rediseñar los servicios jurídicos.

La autora es abogada de Banca Digital BBVA.

Rosy_Rascón