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El ladrón silencioso que te roba sin que te des cuenta (Parte 1 de 3)

Joan Lanzagorta | Patrimonio
En nuestra vida financiera todos tenemos un adversario muy poderoso que enfrentar. Pero no nos damos cuenta. No hace ruido, no envía notificaciones y pocos hablan de él. Es silencioso, casi invisible. Opera en segundo plano y se lleva cada día un poquito del poder adquisitivo del dinero que ganamos. La mayoría de la gente no lo ve, no lo entiende y, por lo tanto, no lo combate. Ese enemigo se llama inflación.
Comprender este fenómeno es sumamente importante y puede ser la diferencia entre construir patrimonio o ver cómo el esfuerzo de nuestro trabajo se desvanece lentamente sin saber por qué.
La inflación se entiende mejor con un ejemplo sencillo. En 2024 el kilo de pollo costaba aproximadamente 48 pesos. Si tú ibas al súper con 100 pesos, comprabas dos kilos de pollo y te daban cambio. Hoy con ese mismo billete, ya no te alcanza (el pollo está a 65 pesos el kilo).
¿Qué pasó? ¿Tu billete se encogió? ¿El pollo se volvió mágicamente más valioso? No. Lo que ocurrió es que el poder de compra de tu dinero se redujo. Cada peso que tenías en el bolsillo ahora alcanza para menos. Eso es la inflación en su forma más cruda y dolorosa: la pérdida de poder adquisitivo de tu dinero.
Pero, ¿por qué ocurre eso? ¿Acaso los productores de pollo se volvieron ambiciosos y decidieron subir los precios para ganar más? ¿O son las tiendas que se pusieron de acuerdo para sacarnos más dinero?
Aunque mucha gente piensa eso, no es así. La causa es un equilibrio roto entre dos cosas: cuánto dinero hay en la economía y cuántas cosas hay para comprar.
Piensa en la inflación como el resultado de una balanza. De un lado tienes toda la cantidad de dinero que existe (el dinero en tu bolsillo, en los bancos, etc.). Del otro esta toda la cantidad de bienes y servicios disponibles para comprar (pollo, casas, servicios, etc.).
Cuando la economía funciona bien, ambos lados crecen a un ritmo similar y la balanza se mantiene equilibrada. El dinero que se crea es absorbido por el crecimiento de la producción y los precios se mantienen estables.
El problema empieza cuando el lado del dinero crece mucho más rápido que el de los productos.
Aquí es donde entra el Banco de México, que es el personaje principal que intenta mantener ese equilibrio. Su página web lo dice claramente: el objetivo prioritario de Banco de México es mantener una inflación baja y estable.
Seguramente has escuchado que la principal herramienta que utiliza para lograrlo es la tasa de interés. ¿Por qué?
Piensa en la tasa de interés como el "freno" de la economía. Cuando Banxico ve que los precios suben demasiado rápido, sube la tasa de interés. Esto hace que pedir un préstamo sea más caro y que ahorrar en instrumentos “seguros” como CETES sea más atractivo. El resultado es que la gente gasta menos y ahorra más. Con menos dinero circulando, la presión sobre los precios disminuye. Eso ayuda a la inflación (pero a costa de reducir el crecimiento económico).
Sin embargo, aunque el banco central tiene esta herramienta, hay otras fuerzas que empujan los precios hacia arriba y sobre las que tiene poco o ningún control.
Por ejemplo, no puede controlar los costos de producción. Si el salario mínimo sube por decreto, o si el precio del petróleo se dispara en el mercado mundial, el costo de producir y transportar el pollo que compras aumentará, y las empresas se verán obligadas a pasarte ese costo. Banxico no puede evitarlo.
Y menos aún puede controlar los shocks externos. Una sequía en otro país puede reducir la cosecha de maíz, encareciendo la tortilla. Una guerra puede afectar la cadena de suministro de fertilizantes, disparando los costos del campo. Son eventos globales que afectan tus precios locales.
Finalmente, Banxico también tiene que luchar contra un enemigo sumamente difícil: las expectativas. Si todos creen que la inflación va a seguir alta, los empresarios subirán precios preventivamente, los trabajadores pedirán mayores salarios y los consumidores adelantarán sus compras. Se crea una profecía autocumplida que Banxico solo puede intentar manejar con comunicación clara, con credibilidad, para que esas expectativas se mantengan alineadas.
La inflación que sufrimos es, en realidad, una batalla campal entre el "freno" de Banxico, el "acelerador" de la demanda, los "costos" que se escapan de control y los "shocks" que llegan del exterior.
Para entender esto mejor, en la siguiente entrega te voy a explicar, con más detalle, estas tres fuerzas importantes que inciden en los precios: la demanda, los costos y nuestras propias expectativas.

