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Finanzas Personales

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La evolución del empleo y la informalidad en México

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Raúl Martínez Solares | Economía conductual

Raúl Martínez Solares

“Las instituciones son las reglas del juego en una sociedad”. Douglass North, premio Nobel de Economía.

Recientemente, el INEGI dio a conocer los resultados de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) correspondientes a junio de 2026. La primera impresión es que el mercado laboral se encuentra estable: la población ocupada apenas varió respecto de un año antes, con 60.1 millones de personas. Pero detrás de esa aparente estabilidad, emerge una visión menos tranquilizadora que se puede resumir en una sola cifra: más de la mitad de quienes trabajan en México lo hacen en la informalidad, y esa proporción no se reduce, sino que avanza.

De acuerdo con la ENOE, la ocupación formal se redujo en el año, al pasar de 27.2 a 27.0 millones de personas, mientras que la informal creció hasta 33.1 millones. La tasa de informalidad laboral se ubicó en 55.0% de la población ocupada, mientras que la tasa de ocupación en el sector informal subió cerca de un punto porcentual, de 28.8% a 29.8%. La tasa de participación cayó de 59.8 a 58.8 por ciento y la población que no busca ni realiza trabajo aumentó en 1.7 millones.

Crecieron, además, los micronegocios y el empleo en el sector de los hogares, que son precisamente los espacios donde se concentra el trabajo de mayor nivel de precariedad. Esto nos muestra la fotografía de una economía que no genera empleo formal y empuja a más personas a la informalidad.

Con un enfoque conductual, la pregunta no es únicamente por qué hay este nivel de  informalidad, sino por qué persiste con tanta fuerza. La informalidad es antieconómica en su sentido más amplio; es cara para quien la vive porque implica trabajar sin seguridad social, sin acceso al crédito formal, sin ahorro para el retiro y sin ninguna red de seguridad social que proteja frente a una enfermedad, un despido o una crisis. ¿Cuáles son entonces las razones por las que más de la mitad de los trabajadores permanece en la informalidad? La respuesta rápida de que no hay suficientes empleos formales es evidentemente correcta, pero es posible agregar algunos factores explicativos complementarios.

Un factor está relacionado con la forma en que las personas ponderamos el presente frente al futuro. Formalizarse implica, por supuesto, costos inmediatos para el empleado , pero también para quien se emplea. Existen contribuciones, impuestos, trámites y tiempo. Sus beneficios, en cambio, son lejanos e inciertos: la pensión que llegará dentro de treinta o cuarenta años o una cobertura médica que quizá no se use. Para quienes pertenecen a los deciles de menor nivel de ingreso, con un margen financiero reducido o inexistente, lo cercano pesa mucho más que lo lejano. La falta de capacitación también es un freno para acceder a mejores empleos.

Otro factor es la confianza. Nadie aporta sin resistencia a un sistema en el que no confía, una persona que duda que su pensión futura estará disponible cuando la necesite o cree que sus impuestos se dilapidan, tiene incentivos más débiles para formalizarse.

En una encuesta de junio de 2026, especialistas del sector privado consultados por Banxico identificaron como los principales factores que limitan el crecimiento la inseguridad pública, la falta de Estado de derecho y la corrupción.

Cuando las reglas se perciben como injustas o poco creíbles, la informalidad deja de verse como una falta y empieza a parecer una decisión adecuada tanto para empleadores como para empleados.

Es evidente que ello no implica cargar una porción importante de responsabilidad sobre los individuos que se emplean (o sobre los dueños de micronegocios informales). Buena parte de la informalidad no se elige: se padece. La misma ENOE muestra que el empleo formal no creció, sino que se contrajo, de modo que millones de personas están en la informalidad no porque hayan calculado que les conviene, sino porque no encontraron otra cosa. A ello se suma la precariedad del ingreso: 45.3% de los ocupados gana hasta un salario mínimo y más de tres de cada cuatro perciben dos salarios mínimos o menos. Aun con los incrementos al salario mínimo por encima de la inflación aplicados en los últimos 8 años, la realidad es que solo en la formalidad se tiene certeza de cobrar un sueldo acorde con el salario mínimo vigente.

Este fenómeno es resultado de malos incentivos, falta de crecimiento económico, limitaciones a la capacitación y productividad, sesgos de conducta y una falla estructural en la generación de empleo.

Por ello, es necesario evaluar de manera más integral las soluciones que conviene y es posible aplicar. Si la informalidad fuera solo una elección oportunista, bastaría con fiscalizar y sancionar; pero castigar a quien no tiene alternativa no crea un solo empleo formal. Por ello, es fundamental simultáneamente reducir la fricción de formalizarse, simplificando trámites y abaratando el costo de entrada; hacer visibles y cercanos los beneficios, para que dejen de percibirse como una promesa lejana; y, sobre todo, reconstruir la confianza en las instituciones, porque sin ella ningún incentivo económico resulta convincente.

Una informalidad que abarca al 55% de los trabajadores es un dato que afecta las perspectivas de crecimiento, constituye un freno para la productividad, limita el bienestar financiero de los hogares y, por supuesto, afecta la capacidad recaudatoria del Estado.

Mientras no atendamos todas las causas, seguiremos administrando el síntoma sin atender la enfermedad.

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Raúl Martínez Solares

El autor es politólogo, mercadólogo, financiero, especialista en economía conductual y profesor de la Facultad de Economía de la UNAM. CEO de Fibra Educa y Presidente del Consejo para el Fomento del Ahorro Educativo.

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