Existen dos tipos básicos de administración de inversiones que puede seguir una persona que participa en los mercados financieros:

Administración pasiva

Cuando un inversionista piensa que el mercado en general es relativamente eficiente y que es difícil superarlo, buscará invertir de manera pasiva.

Esto significa que estará contento con igualar los rendimientos de algún índice o marca (benchmark) de acuerdo con el tipo de portafolio que elija.

Por ello, el inversionista pasivo no trata de ver qué acción en específico tiene las mejores perspectivas de rendimiento, por el contrario, trata de concentrar sus esfuerzos en realizar una buena asignación de activos (asset allocation) que les permita obtener rendimientos de mercado en el largo plazo acordes con sus necesidades de liquidez y tolerancia al riesgo.

De esta forma busca asignar un porcentaje adecuado de participación en su portafolio para cada tipo de activo (instrumentos de deuda, cobertura, acciones de alta capitalización, acciones de baja capitalización, productos derivados y/o fondos de inversión con distintas estrategias).

Un ejemplo de inversionista pasivo es aquel que invierte, con un horizonte de largo plazo, una parte de su portafolio en un fondo indizado, otra en un fondo de mercado de dinero y otra más en uno de cobertura.

Administración activa

Existen inversionistas que conocen bien al mercado y que consideran que se le puede ganar sin muchas dificultades.

Éstos son los que adoptan un estilo activo de inversión pues tratan de encontrar el momento adecuado para comprar, vender y buscan reconocer oportunidades específicas de inversión.

Los inversionistas que adoptan este esquema le dan una gran importancia al análisis técnico, herramienta que utilizan para tratar de encontrar señales de entrada y salida del mercado (lo que se conoce como timing) y de compra-venta de determinadas acciones de alta capitalización y bursatilidad.

Además, utilizan el análisis fundamental para tratar de encontrar empresas subvaluadas y/o que tengan un potencial de rendimiento superior al del mercado en general en el corto, mediano o largo plazo.

Contrario a lo que se pudiera pensar, los inversionistas activos también tienen una visión de largo plazo del mercado.

A pesar de que su cartera tiene una rotación relativamente mayor, conocen bien los riesgos en los que incurren y saben que sería un error invertir dinero que requerirán utilizar en poco tiempo.

¿Cuál de los dos estilos de inversión es el más recomendable?

Todo depende. Cuando un inversionista no tiene acceso libre a toda la información que se genera en el mercado y no cuenta con el tiempo necesario para realizar un exhaustivo análisis de cada uno de los instrumentos que cotizan en él, es mejor que adopte una estrategia pasiva.

Por el contrario, cuando la persona conoce bien el mercado de valores, reconoce los distintos factores que lo componen, los que lo afectan y piensa que es relativamente fácil ganarle, puede adoptar una estrategia activa. 

La experiencia, sin embargo, ha demostrado que son muy pocos los inversionistas activos que realmente han logrado destacar.

Muchos de ellos han aprendido, con base en golpes, que el mercado es muy complejo y caprichoso, ya que representa la suma de las expectativas (cambiantes) de todos los inversionistas que participan en él.

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