Los economistas se han permitido caminar hacia una trampa al decir que pueden hacer pronósticos; pero ningún economista serio piensa que ello es posible.

Tim Harford

Casi todos los días es posible leer en los medios particularmente en los especializados en temas económicos y financieros pronósticos que, ya sea de manera general o puntual, más o menos ambiciosa y más o menos optimista, tratan de vaticinar cuál será el comportamiento futuro de ciertas variables: ya sea en una economía local o, en los casos más aventurados, a nivel mundial.

Pero, después de la crisis del 2008, cambios en el comportamiento de muchas variables han hecho que principios inmutables de la economía (como en la política monetaria) sufrieran cambios extraordinarios, haciendo más complejo el pronóstico.

Adicionalmente, fenómenos de globalización, procesos de conducción y contagio de crisis financieras entre regiones y países y la gran necesidad de obtener retornos financieros han creado una compleja red de mecanismos que afectan positiva o negativamente y, en ocasiones, cancelan el comportamiento antes previsible de las variables económicas.

Un ejemplo es el tipo de cambio. Históricamente, existen variables que se correlacionan con el comportamiento del tipo de cambio entre el peso y el dólar, particularmente en series largas de tiempo. Hoy, la volatilidad de corto plazo hace sumamente difícil realizar pronósticos y distintos fenómenos generan grandes fluctuaciones en días y meses, que no pueden ser explicadas de forma tradicional. Recientemente, el fortalecimiento del dólar y la caída del precio del petróleo impulsaron la depreciación; pero es posible observar en las últimas semanas momentos en los que ambos fenómenos actuaron de manera contraria, prevaleciendo la tendencia de aquel factor que más resultase (subjetivamente) relevante a los mercados.

La presunción de que se acerca un nuevo incremento en la tasa de interés de referencia por parte de la Reserva Federal ha contrarrestado el supuesto efecto positivo que deberían tener el crecimiento gradual y la relativa estabilidad del precio del barril y otros factores que afectan coyunturalmente, dependiendo de qué tan presentes en el ánimo de los mercados . El referéndum en Gran Bretaña o la incertidumbre cíclica sobre el nivel de crecimiento futuro de China generan cambios en los mercados que presionan el tipo de cambio.

En periodos cortos de tiempo esta suma de factores cambiantes hace prácticamente imposible pronosticar el efecto en el tipo de cambio o el desempeño de los mercados de tasas o bursátiles.

Otro tema que enfrenta problemas para pronosticar en el corto y mediano plazo es el comportamiento de las tasas de interés y la valuación de las inversiones en el mercado de bonos. En los hechos, hacer un pronóstico general sería tanto como decir que podemos predecir exactamente el clima mundial para el siguiente mes.

Existen diferencias significativas del comportamiento de las tasas de los bonos, inclusive de los relativos a la deuda de cada país. Hoy tenemos economías que han llegado a establecer algo impensable en el pasado: tasas de referencia negativas. Ello es un fenómeno puntual de países y regiones que agotaron todas las medidas para reactivar la actividad económica, como algunos países de la zona euro o Japón. Otros han mantenido tasas sumamente bajas y empiezan a subirlas, como Estados Unidos e inclusive México. Ya no existe sincronía entre las políticas de los países y regiones, porque sus expectativas y necesidades son diferentes.

En el artículo An Evaluation of Recent Macroeconomic Forecast Errors , se señalan tres principios básicos para evaluar los pronósticos económicos: 1) garantizar que carezcan de sesgos; 2) que analicen toda la información relevante de forma consistente y a partir de métodos científicos, y 3) que eviten errores de correlación. Por ello, es conveniente desconfiar de pronósticos que proponen vías demasiado específicas de acción, que pueden representar más los intereses del pronosticador que realmente un análisis del futuro. También hay que desconfiar de los pronósticos que escogen fragmentos de información para interpretar y descartan los que contradicen el sentido de su predicción. Los modelos econométricos de pronóstico serios hablan de rangos de probabilidad de que se cumplan; nunca ofrecen (como un oráculo griego) una absoluta certeza de las afirmaciones.

Tomar decisiones financieras con base en pronósticos exageradamente optimistas o catastrofistas lleva a decisiones extremas que afectan de manera negativa el retorno de las inversiones.

El autor es politólogo, mercadólogo, especialista en economía conductual, profesor de la Facultad de Economía de la UNAM y Director General de Mexicana de Becas, Fondo de Ahorro Educativo.

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