Es más gratificante ser cómplice de la escasez que del exceso.

Will Oldham

La escasez es simultáneamente permanente y vista como algo negativo. Ya sea tratándose de escasez en el tiempo del que disponemos o de recursos para los múltiples gastos que enfrentamos, la percepción fundada en la realidad es que enfrentamos cotidianamente escasez en los recursos de los que disponemos.

Pero de acuerdo con el libro Scarcity, de Sendhil Mullainathan, la escasez no necesariamente es en todos sentidos negativa. La hipótesis de libro de este investigador del departamento de Economía Conductual de la Universidad de Harvard es que, tratándose de la administración de recursos, la escasez puede provocar beneficios derivados del foco y precisión que la misma produce en quien la enfrenta.

En distintos experimentos que son detallados en el libro se muestra que cuando se pide a dos grupos de personas que realicen una tarea que implica el uso de recursos (como el tiempo o dinero), aquellos a los que se le somete a una escasez del recurso tienden a aplicar un uso más cuidadoso del mismo y a obtener un mejor retorno relativo en los resultados que obtienen.

Por ejemplo, en un experimento realizado con universitarios se permitió que un grupo estableciera libremente su fecha parcial o final de entrega de trabajos del curso; mientras que a otro grupo se le establecieron fechas límite intermedias y una final, todas inamovibles. En el segundo caso la percepción de que se disponía de un menor recurso provocaba una mayor orientación y dedicación específica a avanzar en los trabajos; mientras que el grupo que tenía una libertad en sus fechas de entrega llegó a la fase final del curso sin un avance adecuado entregando reportes de menor precisión y calidad, obteniendo consecuentemente una menor calificación.

Este efecto de la mayor precisión y foco que puede generar la percepción de escasez se aprecia también estudios realizados sobre reuniones de trabajo. Se ha apreciado que, cuando se trata de reuniones de una duración programada específica, a medida que se empieza a agotar el tiempo los integrantes se exigen una mayor concreción de ideas, propuestas y acciones, lo que no ocurre en los casos de reuniones con tiempo indeterminado de duración, que frecuentemente culminan sin ningún acuerdo concreto.

En el caso del dinero, a personas a las que se les sometió a una escasez artificial de recursos se les orilló a pensar más puntualmente en la mejor asignación del recurso, teniendo una priorización más adecuada que llevó en ocasiones a generar excedentes finales.

Evidentemente, cuando hablamos de una escasez extrema ello puede llevarnos a situaciones complejas (por ejemplo, de endeudamiento). Sin embargo, hablando de una escasez normal, una aplicación práctica de los planteamientos del libro es que si mensualmente tratamos de hacer el ejercicio de cubrir nuestros gastos mensuales simulando escasez (suponiendo que nuestro ingreso es menor al real), ello podría llevarnos a una mayor racionalización de nuestro gasto que nos muestre la posibilidad real de generar excedentes de ahorro.

Por supuesto, la simulación de escasez de recursos siempre enfrenta la dificultad de que los recursos sí están disponibles y tendremos la tentación de usarlos. Una salida sería contratar un vehículo de ahorro de corto plazo como alguna sociedad inversión que permita depósitos y retiros inmediatos online y de esta manera podemos provocarnos artificialmente escasez transfiriendo por ejemplo 15% de nuestro ingreso mensual, tratando de cubrir nuestros gastos con lo remanente.

Si cerca del fin de mes tenemos efectivamente que disponer de nuestro remanente podemos obtenerlo, pero ya creamos un pequeño entorno de escasez que puede ayudarnos a mejor nuestras decisiones de gasto y a enseñarnos la forma de incrementar nuestro patrimonio futuro.

El autor es politólogo, mercadólogo, especialista en economía conductual y director general de Mexicana de Becas, Fondo de Ahorro Educativo. Síguelo en Twitter: @martinezsolares