Un estudio del Centro para la Educación y Capacidades Financieras de BBVA a nivel global, revela que la pandemia de Covid-19 ha incrementado la vulnerabilidad social y económica de la sociedad.

De igual forma, señala, ha puesto de relieve el impacto de las consecuencias económicas derivadas de una crisis que afectan sobre el bienestar financiero de individuos, y que dependen en gran medida de su capacidad o la de su hogar para mantenerse a flote en épocas de crisis y mantener su propia fuente de ingresos.

En este sentido refiere que aunque en situaciones de crisis sistémica, el apoyo del gobierno supone el factor más crítico para reducir la vulnerabilidad, la educación financiera puede ser una herramienta muy útil para incrementar la resiliencia de la sociedad desde el punto de vista financiero.

El documento “EduFin Position Paper” define a la vulnerabilidad financiera como la incapacidad de una persona u hogar para hacer frente a las consecuencias de una situación inesperada que derive en la pérdida de su principal fuente de ingresos.

Detalla que uno de los principales efectos de la pandemia, ha sido el incremento en el número de personas financieramente vulnerables.

El impacto de la crisis de la Covid-19 sobre la salud de las personas (con efectos que varían desde la discapacidad repentina o el endeudamiento por motivos relacionados con la salud) y en su capacidad para generar ingresos (por la naturaleza informal de su trabajo o por una pérdida permanente de puestos de trabajo) ha hecho que se incremente la desigualdad”, menciona.

Agrega que en la era post Covid-19, los colectivos vulnerables como migrantes, mujeres, adultos mayores o desempleados, se han vuelto más vulnerables, mientras que segmentos que ya estaban en situaciones de riesgo antes de la pandemia, se están incorporando a las crecientes capas de vulnerabilidad social.

“La vulnerabilidad financiera también ha aumentado y hay personas que ya no es que estén cada vez más lejos de acceder al sistema financiero, sino que se enfrentan a la posibilidad de verse excluidos del mismo”, advierte.

En este sentido, el documento de BBVA considera que el concepto de inclusión financiera va mucho más allá de la capacidad de acceder a productos y servicios, pues también abarca la capacidad de utilizar y disfrutar de servicios de calidad, que permitan a las personas y familias cumplir con sus obligaciones, incrementar su resiliencia frente a crisis, tomar decisiones que les permitan disfrutar de la vida, y aprovechar cualquier oportunidad que les puede surgir.

Resiliencia financiera no es sinónimo de aumentar ingresos

El estudio resalta que reducir la vulnerabilidad financiera o, en otras palabras, generar resiliencia financiera, no es sinónimo exclusivamente de aumentar los ingresos, sino también está relacionada con el conocimiento, la capacidad y las habilidades para gestionar finanzas personales a lo largo de toda una vida.

“Los programas de educación financiera han demostrado ser de gran utilidad para proporcionar estos elementos y ayudar a las personas a superar muchas de las barreras que limitan su participación en el sector financiero formal, así como para aumentar la protección al consumidor”, enfatiza.

Precisa que si bien la educación financiera no puede ayudar a predecir cuándo surgirán amenazas a la salud financiera de las personas, sí las prepara para gestionar situaciones inesperadas tanto a nivel personal como cuando se pierde un trabajo, como a nivel más general como cuando sucede una crisis como la de la pandemia de Covid-19, y desempeña un papel importante en el proceso de recuperación.

kg