El dinero crece en el árbol ?de la paciencia . ?Proverbio japonés.

Las personas ahorramos por varias razones. De acuerdo con los investigadores del Fondo Monetario Internacional, Callen y Timann, a nivel conceptual son cuatro los principales motivos por los que reservamos una parte de nuestros ingresos disponibles.

¿PARA QUÉ AHORRAMOS?

1) Para prepararnos para nuestro retiro o para heredar un patrimonio; 2) para enfrentar grandes obligaciones financieras futuras, como la compra de una casa, la educación de nuestros hijos o la adquisición de bienes como un vehículo; 3) para crear un recurso que nos permita enfrentar contingencias graves que afecten nuestro ingreso, como la pérdida del empleo o una enfermedad grave, y 4) para tener recursos disponibles con los cuales enfrentar variaciones menores cotidianas de nuestro consumo y gasto regular.

En ocasiones ahorramos para alguno de estos fines, otras veces lo hacemos sucesivamente para uno u otro, dependiendo de nuestra edad y prioridades, y frecuentemente no ahorramos para ninguno. Es importante entender que cada uno de esos fines, por su naturaleza, monto y tiempo de maduración, tienen condiciones diferentes que deben ser comprendidas para maximizar el resultado potencial de nuestro esfuerzo de ahorro.

¿QUÉ CARACTERÍSTICAS DEBE TENER CADA TIPO DE AHORRO?

1. Los ahorros de más largo plazo y mayor monto objetivo deben ser abordados a partir de dos premisas: a) ahorrar algo tan importante como el recurso con el que solventaré mis necesidades en el retiro, únicamente puedo lograrlo en un periodo largo de tiempo. Si estadísticamente los años que sobrevivirá a su retiro un lector que hoy tiene 40 años (con acceso adecuado a servicios de salud y alimentación) serán más de 15 años, no es posible pensar que construirá ese ahorro en pocos años; ?b) tratándose de ahorros de larga duración, se deben buscar mecanismos con un nivel de riesgo adecuado para potenciar el beneficio en el tiempo.

La opinión de un asesor financiero especializado (o mejor aún, varias opiniones) nos permitirá definir cuál es el nivel máximo de riesgo recomendado para mi caso particular (entendiendo que riesgo no implica invertir en instrumentos o instituciones no confiables).

Conductualmente, este tipo de ahorro es el más complejo porque sitúa el beneficio a tan largo plazo que nuestra visión de beneficio de corto plazo termina muchas veces por imponerse con las autojustificaciones para no sentirnos mal con nuestra falta de previsión.

2. El ahorro que destinaremos a grandes obligaciones financieras como la compra de una casa o la educación de nuestros hijos debe preferentemente ser construido en vehículos financieros especializados, diseñados con base en el perfil del gasto particular futuro que estoy buscando cubrir. Ello me permite tener un adecuado balance entre riesgo y rendimiento, un plan que se realice en un periodo acotado de tiempo y, en ocasiones, beneficios adicionales asociados al objetivo concreto de mi ahorro.

3. El ahorro para prevenir contingencias debe ser pensado en función de meses de ingreso a cubrir. Si me protejo para un caso de desempleo, el monto ahorrado debe ser equivalente a varios meses del gasto mínimo obligatorio de la familia y debe tener un nivel de riesgo acotado para evitar que, cuando requiera disponer de él por algo no planeado, mi ahorro no esté en su nivel óptimo.

4. Finalmente, el ahorro cotidiano debe ser líquido y disponible, y ser de una proporción del ingreso familiar mensual para que funcione como un fondo revolvente: si dispongo de él, deberé reponerlo en los siguientes meses.

*El autor es politólogo, mercadólogo y especialista en economía conductual. Es Director General de Mexicana de Becas. Fondo de Ahorro Educativo.