Los malos hábitos son más fáciles de abandonar hoy que mañana .

Proverbio yiddish.

Para muchos estudiosos de la Economía Conductual, dos elementos son fundamentales para determinar nuestras decisiones y acciones en temas económicos y financieros: los hábitos y las motivaciones.

Hábito es toda conducta que se presenta de forma regular y que puede ser inconsciente. Muchas veces no es evidente ni reconocido por quien lo presenta. Éste surge cuando, al repetir una conducta de forma sistemática y obteniendo un estímulo o forma de recompensa generalmente de corto plazo, aprendo a reaccionar siempre de la misma manera.

Los hábitos negativos son aquellos que afectan de manera relevante nuestra capacidad para cumplir o realizar acciones que conscientemente consideramos favorables o benéficas. Las motivaciones de este tipo de hábitos por ser ocultas y a su vez negativas no son siempre fáciles de determinar o hacer evidentes, pero existen porque toda costumbre tiene una causa asociada.

Un factor relevante para determinar que se trata de un hábito y no una obsesión u otro tipo de trastorno es el factor fuerza de voluntad.

En presencia de un hábito, la fuerza de voluntad puede tomar el control de la conducta y suprimirlo, temporal o definitivamente, aunque no sin resistencia.

Comerme las uñas es una costumbre que puedo controlar con voluntad, pero no puedo dominar así de simple un problema de alimentación como la anorexia nerviosa.

Para efectos financieros, lo que buscamos es crear o reforzar hábitos favorables como el ahorro y evitar los negativos como el gasto compulsivo o el postergar decisiones de ahorro patrimonial. Si realmente tenemos la voluntad de enfrentar nuestras prácticas negativas requerimos, primero, reconocerlas y valorar sus consecuencias dañinas, y después determinar cuáles hábitos positivos debería tener para buscar tratar de crearlos y arraigarlos en mi conducta.

El entrenamiento

No es fácil. Hoy la ciencia conductual nos da algunas guías de cómo lograrlo.

1. Entrenamiento de percepción: es identificar con claridad el hábito negativo, entender sus consecuencias y visualizarlo con toda precisión. Por ejemplo, cada vez que me veo gastando excesivamente, me obligo a reconocer la motivación real de mi conducta y su efecto irracional para mi plan de vida.

2. Construir la motivación: es elaborar una lista de los efectos negativos del hábito, dimensionando los impactos que la conducta me acarrea e igualmente construir una lista de los resultados positivos que generaría la presencia de una costumbre positiva contraria.

3. Desarrollo de una respuesta competitiva: es crear mecanismos de respuesta predeterminados cada vez que se presenta el hábito negativo, en el contexto en que usualmente ocurre. Por ejemplo, cada vez que estoy a punto de gastar de más en algo no necesario, establezco la respuesta consciente y automática de darle la cantidad que iba a gastar a mi esposo o esposa para que la ingrese en la cuenta de ahorro familiar.

4. Generalización de nuevas conductas: busca ampliar los nuevos hábitos favorables a otras áreas de la vida cotidiana. Si, por ejemplo, frente a mi costumbre de hacer compras excesivas en el supermercado generé una respuesta automática de obligarme a hacer un último chequeo de eliminación del carrito de compras antes de pagar, puedo buscar ampliar ese comportamiento a otros momentos de consumo.

No se trata de ser un autómata que planee hasta el último segundo de la vida, personalmente estoy lejos de hacerlo, más bien de evitar que nuestros hábitos negativos financieros nos lleven por un rumbo en el que la aparente felicidad nos conduzca a muchos años de infelicidad futura.

*El autor es politólogo, mercadólogo y especialista en Economía Conductual. Es Director General de Mexicana de Becas, Fondo de Ahorro Educativo.