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A tres años del huracán Otis, reconstrucción de Acapulco mantiene riesgos para la población

Especialistas advierten que la reconstrucción no ha logrado corregir las condiciones de alta vulnerabilidad que agravaron los efectos del desastre de octubre de 2023 como asentamientos en zonas peligrosas, deficiencias estructurales y el uso de materiales inadecuados.

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Ilustración: El Economista

Diego Badillo

A tres años del paso del huracán Otis, que devastó Acapulco y buena parte de Coyuca de Benitez, Guerrero, la reconstrucción de las zonas habitacionales registra avances desiguales.  Aunque numerosas viviendas han sido reparadas, especialistas advierten que persisten las condiciones de vulnerabilidad que agravaron los daños del desastre de octubre de 2023.

Urbanistas y académicos consultados por El Economista coinciden en que la reconstrucción se ha concentrado en reparar los daños materiales, sin incorporar medidas para reducir los riesgos asociados con la precariedad de las viviendas, los asentamientos en zonas peligrosas y las deficiencias de planeación urbana.

De acuerdo con el Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred) los daños y pérdidas se estimaron en 88,910 millones de pesos.

En el sector vivienda los daños y pérdidas ascendieron a 15,860.7 millones de pesos,en infraestructura eléctrica, 5,822 millones; en educación 3,676.9 millones y en infraestructura urbana, 1,285 millones de pesos.

Entre los sectores productivos,  el turismo registró daños y pérdidas por 24,066.9 millones de pesos; el comercio, 1,044.7 millones y el agrícola y pesquero 263.2 millones de pesos.

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stimación de daños y pérdidas ocasionadas por el paso del huracán Otis en Acapulco y Coyuca de Benítez en octubre de 2023.Gráfico: El Economista

De acuerdo con el gobierno federal, el programa Acapulco se Transforma Contigo, contempla obras para el sistema de abasto de agua potable, saneamiento y protección contra inundaciones con una inversión de 8,000 millones de pesos, de los que 1,088 millones corresponden a 2026.

La investigación realizada por este reportero no halló algún balance integral y actualizado que permita determinar el grado de avance de la reconstrucción, particularmente en el sector vivienda; sin embargo, según cifras del Cenapred, en Acapulco resultaron afectadas 249,795 viviendas, equivalentes a 75% del total, y en Coyuca de Benítez, 24,707, correspondientes a 92%. En conjunto, las afectaciones alcanzaron 274,502 viviendas que representan 77% de las que existían cuando pasó el ciclón.

El 24 de junio de 2024, la secretaria de Bienestar, Ariadna Montiel Reyes, informó que el gobierno federal había destinado 15,275 millones de pesos en 301,076 acciones para vivienda; Sin embargo, esa cifra no equivale necesariamente a inmuebles reconstruidos en su totalidad.

La reconstrucción reproduce riesgos que existían antes de Otis

Juan L. Kaye López, presidente de la Asociación Mexicana de Urbanistas, señaló que los tres órdenes de gobierno impulsaron una reconstrucción que reprodujo las condiciones de vulnerabilidad existentes antes del huracán y priorizó la zona turística sobre las áreas habitacionales.

Según el urbanista, no existe un programa integral de recuperación para los asentamientos ubicados en zonas altas o en las márgenes de los rios ríos, arroyos o cañadas.

Enfatizó que los huracanes Otis, en octubre de 2023,  y John, en septiembre de 2024, evidenciaron los riesgos asociados con la ocupación de terrenos no aptos para la vivienda, la construcción en humedales, zonas se desfogue, laderas y otros espacios expuestos a inundaciones y deslizamientos.

Ambos fenómenos también pusieron de manifiesto deficiencias en la planeación urbana, la gestión de riesgo, las vías de comunicación necesarias para facilitar la evacuación de la población, distribuir la ayuda y facilitar la recuperación.

“La lección central no es simplemente mejorar las respuestas ante las emergencias, sino cambiar el modelo de ocupación, construcción y mantenimiento urbano”, remarcó.

Consideró que la reconstrucción habitacional recibió atención insuficiente y que las autoridades debieron  impulsar un programa de vivienda nueva para reubicar a las familias asentadas en zonas de alto riesgo hacia lugares seguros, dotados de infraestructura y servicios.

El especialista propuso actualizar el Reglamento de Construcciones y el Atlas de Riesgo de Acapulco; intervenir cuencas, causes, humedales canales y drenaje fluvial; reforzar o reubicar vivienda en zonas expuestas a riesgos no mitigables; elevar estándares de construcción; publicar indicadores de resiliencia urbana.

Además, consideró indispensable diseñar un plan de desarrollo urbano que relance a Acapulco, en lugar de reestablecer las condiciones existentes antes de Otis.

Viviendas reparadas mantienen deficiencias estructurales

Carmelo Castellanos Meza, profesor investigador de la División de Estudios de Posgrado e Investigación del  Tecnológico Nacional de México (TecNM) Acapulco, subrayó que los daños ocasionados estuvieron relacionados tanto con la intensidad del huracán como con las condiciones materiales y sociales preexistentes en las viviendas.

La precariedad de los sistemas constructivos, el uso de materiales poco resistentes, las modificaciones acumuladas en las viviendas y las  dificultades económicas de las  familias contribuyeron a incrementar los daños.

Ante esa situación, propuso revisar las políticas de reconstrucción para incorporar criterios de seguridad estructural, mejorar la calidad de las edificaciones y garantizar la participación de las comunidades afectadas.

Según Castellanos Meza, la mayoría de las viviendas dañadas por Otis ha recibido alguna intervención. Sin embargo, muchas fueron reparadas con materiales similares a los originales o incluso de menor calidad, por el aumento de la demanda después del huracán.

El investigador planteó que algunas familias optaron por instalar ventanas más pequeñas para reducir la exposición a los vientos; sin embargo, esa modificación puede disminuir la ventilación natural y elevar la temperatura al interior, lo que incrementará la necesidad de utilizar equipos de aire acondicionado y, con ello, el consumo de electricidad.

La resiliencia comunitaria no puede sustituir las responsabilidades institucionales

Olivia Domínguez Prieto, académica de la Escuela Superior de Ingeniería y Arquitectura del IPN indicó que en momentos de desastres los habitantes movilizan conocimientos, recursos y relaciones comunitarias para  enfrentar necesidades urgentes; sin embargo es importante evitar una visión excesivamente optimista de estas respuestas.

“Que una comunidad encuentre como mecanismos para sobrevivir  no significa que debamos normalizar la precariedad de los servicios. La resiliencia comunitaria no puede sustituir   las responsabilidades institucionales de garantizar  el acceso al agua”, remarcó.

La académica enfatizó que el riesgo debe entenderse como una construcción social, en la que la  pobreza, la desigualdad, la precariedad habitacional, la insuficiencia de servicios y los patrones de crecimiento urbano influyen decididamente en la magnitud de los daños.

Otis transformó profundamente el paisaje de Acapulco. El desafío ahora  es que esta experiencia contribuya  a transformar  las condiciones de vulnerabilidad de la ciudad, remarcó.

Diego Badillo

Periodista mexicano, originario de Amealco, Hidalgo. Editor del suplemento Los Políticos de El Economista. Estudié Sociología Política en la Universidad Autónoma Metropolitana. En tres ocasiones he ganado el Premio Nacional de Periodismo La Pluma de Plata que entrega el gobierno federal. También fui reconocido con el Premio Canadá a Voces que otorga la Comisión Canadiense de Turismo, así como otros que otorgan los gobiernos de Estados Unidos y Perú.

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