Para los usuarios del transporte público en rutas de la zona norte del Estado de México, viajar se convierte en toda una aventura, de la cual no saben si llegarán sanos y salvos a sus destinos, ante la ola de violencia y asaltos que a diario hay sobre la autopista México-Pachuca y en sentido opuesto, a cualquier hora.

En un recorrido de Notimex por la ruta Zumpango, Mercado, Base Aérea y Avenida 5 de Mayo, para llegar al paradero de Indios Verdes en la Ciudad de México, las usuarias Guadalupe Corona y Cecilia Villaseñor, originarias de dicho municipio, quienes esperaban el transporte, en platica informal externaron que suben a las unidades del transporte con miedo y desconfianza.

“Llevamos mucho tiempo con esta zozobra, no importa si subes al transporte para hacer viajes cortos o largos, la delincuencia está en cualquier parte de este municipio, y ahora no sólo son hombres sino hasta mujeres las que participan para despojarnos de lo poco que tenemos o que llevamos”, mencionó Lupita.

Abundó que hoy día han decidido no llevar teléfonos celulares de pantalla grande, para no llamar la atención: “De hecho en el pueblo ahora el uso de teléfonos es de los básicos, baratos y populares que venden en tiendas de conveniencia por 300 pesos, aparatos que sólo sirven para comunicarse por alguna emergencia y los delincuentes no quieren”, dijo.

Para la señora Cecilia, las condiciones para viajar en transporte público les ha cambiado el día a día: “Ahora he optado por viajar con dos nietos, si es que voy lejos o a la Ciudad de México, especialmente cuando voy a comprar algo en la capital, porque el dinero lo divido y lo escondo en entre mis ropas y la de ellos, porque a los chamacos no los esculcan”, afirmó.

Puntualizó que en los viajes en la zona de Zumpango o algún municipio aledaño como Tecámac o Tizayuca, sólo lleva su monedero con el dinero justo para ir y volver: “El mandado de la semana he optado hacerlo y regresar en taxi, que sin bien me cobra 50 pesos, es más seguro para regresar con todo a tu casa”, señaló.

Ambas usuarias indicaron que el miedo no sólo paraliza a las personas, sino también las obliga a tomar precauciones, a cambiar de rutas, a tomar unidades de operadores ya conocidos, toda vez que los mismos conductores saben cuándo su recorrido está en riesgo.

“Incluso hemos optado por abordar camiones grandes y no camionetas, porque en los autobuses va más gente humilde”, comentó.

Las amas de casa mencionaron que después del miedo a los asaltos, su inseguridad para tomar una unidad de transporte público se finca ante la negligencia para conducir de los operadores, que van peleando por el pasaje a altas velocidades: “Y sin bien nos va, el operador no irá hablando por teléfono o escribiendo en su celular”.

Otro aspecto quizá menos importante para las usuarias es el aspecto físico de las unidades, toda vez que algunas carecen del mantenimiento mecánico: “algunas carecen de parachoques, otras traen llantas lisas y en su mayoría cuentan con algún desperfecto en sus puertas o cristales, además de estar sucias”.

Por su parte, el checador de la terminal en Zumpango, quien prefirió guardar su nombre por miedo, indicó que son varios los derroteros a los que se les conoce como “Rutas del miedo”, por el número de asaltos que a diario se dan, y son las que cruzan por Zumpango.

En especial el derrotero Zumpango, Mercado, Base Aérea y Avenida 5 de mayo, la segunda que se ha ganado el calificativo de “El paso de la muerte” es la que va por Vía Morelos, Cerro Gordo y La Costeña, la tercera igual de temible para los usuarios es la de Tonanitla, Nextlalpan, Santa Ana, Ojo de Agua, San Andrés.

La cuarta en peligrosidad para los pasajeros es la que va para Ciudad Azteca segunda sección, Jardines, Río de la Luz y Santa Clara y la quinta con altos riesgos de asalto es la que va por Las Américas, por Simón Bolívar, la Primero de Mayo y Puente de Fierro.

El checador explicó que las otras rutas en las que se dan constantemente asaltos son la que cubre Casas Geo, Ojo de Agua y Ozumbilla; Tecámac-Tizayuca y la que abarca la zona de Atizapán y Tulpetlac.

“Es un problema fuerte que tiene varios años y que difícilmente se acabará, porque no hay operativo que abarque tanta distancia”.