La disminución de la actividad económica de la región sur-sureste del país en los primeros nueve meses del 2017 tiene causas variables y preocupantes. Así lo explica Valeria Moy Campos, directora del observatorio económico México ¿cómo vamos?, quien pone como ejemplo el comportamiento de estados como Tabasco y Campeche, cuyas caídas anuales fueron de 9.4 y 8.5%, respectivamente, los cuales se explican por la baja en la industria petrolera.

Sin embargo, los resultados de entidades como Chiapas (-2.2%), Oaxaca (-3.8%) e incluso Veracruz (-0.7%) no son comportamientos coyunturales o sólo una mala racha, sino “lo que está pasando con los estados del sur es que están decreciendo, haciéndose cada vez más chiquitos en términos económicos”, aseveró la especialista.

No se trata de una situación reciente, sino de condiciones históricas y estructurales de la zona sur-sureste que se vienen repitiendo desde hace muchos años, agregó, y eso ha venido haciendo cada vez mucho más profunda la brecha entre el norte y el sur de México, “porque a final de cuentas de lo que hablan estos resultados es de caída en productividad, falta de generación de empleos y pobreza”.

De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, el Indicador Trimestral de la Actividad Económica Estatal (ITAEE) de la región, al tercer trimestre del año pasado, presentó una contracción anual de 2.1%, la primera variación negativa desde el 2009 (3.8 por ciento).

En esta zona, únicamente aumentó el ITAEE en Quintana Roo (2.5%) y Yucatán (3.2 por ciento).

De hecho, a nivel nacional las reducciones más pronunciadas se observaron en Chiapas, Oaxaca, Campeche y Tabasco. En los dos últimos territorios se debió por menores precios del petróleo y la deducción en la producción de hidrocarburos, ya que el Producto Interno Bruto (PIB) de estos estados depende en 80.3 y 54.1% de la minería petrolera, en ese orden.

Moody’s, en su reporte “Estados productores de petróleo experimentan efectos tardíos ante la caída de precios”, señala que para el periodo 2018-2019, las entidades petroleras seguirán presentado presión financiera, que conducirá a que opten por recortes del gasto de capital, a que se debilite su liquidez y, posiblemente, a que incrementen su deuda.

“Casi tres años después del colapso de los precios del petróleo, algunos estados mexicanos productores de petróleo han comenzado a experimentar una disminución en los ingresos relacionados con el sector. El impacto tardío en los ingresos de estas entidades se explica por la fórmula de distribución de las participaciones —transferencias federales no etiquetadas que representan en promedio 35% de los ingresos totales de los estados—”, destaca la calificadora.

Esta merma trajo como consecuencia la contracción de la actividad económica en los territorios petroleros, lo cual disminuye su participación en las transferencias federales no etiquetadas.

Asimismo, Oaxaca y Chiapas fueron los estados más afectados por el sismo del 7 de septiembre del año pasado. En ambos territorios, los principales sectores económicos cayeron, como las industrias manufactureras y la construcción.

El sur-sureste aporta 18.9% del PIB de México. De la economía regional, los principales exponentes son Veracruz (25.2% del PIB sureño), Campeche (18.6%), Tabasco (16.2%) y Chiapas (9.0 por ciento).

A lo anterior se añade que solamente la parte baja del país se contrajo. Los demás resultados del ITAEE fueron los siguientes: en el norte aumentó 3.2%; en centro-occidente, 3.1%, y en el centro, 2.6 por ciento.

Moy Campos explicó que si bien la brecha entre el norte y el sur es un fenómeno que se presenta en prácticamente todos los países y regiones, en México lejos de estar avanzándose para reducir esa brecha, ésta se está haciendo cada vez más pronunciada, además de que difícilmente llega a encontrarse este problema como tal en las plataformas políticas, en los partidos o en los candidatos a la presidencia de la República.

Paliativos sin resultados

La directora del observatorio destacó que el análisis de la situación del sur-sureste debe incluir los recursos que ha recibido históricamente en forma de programas sociales para el combate a la pobreza, los cuales, explicó, no han logrado abatir esta condición, y únicamente han logrado ser paliativos para impedir un desfonde aún mayor.

“Han recibido muchísimos millones en programas sociales no sólo en esta administración, sino a lo largo de muchos años, pero al final del día esto ha servido para permitir que la gente pobre pueda comer hoy o mañana, pero sus hijos van a seguir siendo pobres; es decir, no se ha roto con el círculo generacional de pobreza”, indicó.

Valeria Moy comentó que si bien el proyecto de Zonas Económicas Especiales (ZEE) para estimular el crecimiento de la zona sur está bien planteado y tiene muchas bondades, no es la panacea y tampoco se ha podido mostrar su efectividad, dado que apenas comienza a aplicarse y es muy pronto aún para determinar el impacto real que tendrá en la economía de los estados.

“Aún pueden ser efectivas; también creo que no son la panacea, no resuelven todo. Está bien desarrollado, está bien hecho, y sí toma en cuenta muchos problemas inherentes al desarrollo en términos de capital humano, capacitación, acceso a recursos naturales, acceso a créditos, pero todo se encuentra aún en el papel. En la implementación, estará el éxito o el fracaso de ZEE”, acotó.

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