En el contexto de una inversión de 8,000 millones de dólares para la construcción de una nueva refinería de Petróleos Mexicanos (Pemex) que al 2023 tendrá una capacidad de proceso de 340,000 barriles diarios de crudo en Dos Bocas, en Tabasco, académicos y expertos en el negocio del midstream de los hidrocarburos para América del Norte explicaron que además de la reducción de la demanda de combustibles en la era post Covid-19, los márgenes de utilidad de la refinación de petrolíferos no pasarán de 6% por cada barril de crudo que se utiliza, mientras que cadenas como la petroquímica secundaria para la elaboración de plásticos farmacéuticos arrojan márgenes de hasta 306% y otros como textiles avanzados para el sector de defensa de más de 180%, por lo que México está a tiempo de redirigir sus inversiones y convertirse en una potencia en materia de transformación industrial, tras el desmantelamiento que las administraciones anteriores llevaron a cabo en estos segmentos del negocio.  

Durante el webinar organizado por el colectivo de académicos ConCiencia Ciudadana y moderado por El Economista, Adrián Duhalt, especialista en la dinámica energética en la Universidad de Rice, recordó que en la década de los 80, México llegó a tener una utilización de 85% de su capacidad instalada de transformación industrial de petróleo, siendo un referente mundial en una industria con un promedio de utilización de 90% en los países más avanzados; sin embargo, la infraestructura de Pemex principalmente ubicada en el Sureste, poco a poco se fue sacando de operación hasta llegar a la situación actual en que el país se sitúa como importador neto.

En tanto, desde hace algunos años, empresas nacionales entre las que destaca Saudi Aramco de Arabia Saudita, junto con las de otros países de la región Asia Pacífico como India, China, Corea del Sur, Qatar e Indonesia, llevan a cabo más de 20 reconversiones de plantas para pasar de un uso de 20% del crudo hasta 80% para insumos petroquímicos.  

Lo anterior, porque además de la destrucción de la demanda de combustibles por la crisis de movilidad por la pandemia de Covid-19, el consumo de gasolinas ha caído en más de 6% en los últimos años, volumen que no se recuperará, pero que además continúa a la baja por la penetración cada vez mayor de los autos eléctricos en los países desarrollados y la necesidad que las nuevas normalidades tras la pandemia traerán hacia una transición a renovables más agresiva.  

Por ello, consideró que las inversiones para actividades de refinación “son recursos que podrían utilizarse en negocios con más valor, que se invertirían para generar más dinamismo en cadenas productivas que en el largo plazo son mucho más rentables, como se observa en la tendencia global”, aseguró Duhalt.   

Erik Sánchez Salas, director de Desarrollo de Negocios en IHS Markit México, explicó que los márgenes de utilidad del negocio de la refinación en el mundo no pasan del 6% y en México hasta el año pasado promediaron el 4% por cada barril de crudo que se utiliza. Mientras tanto, el margen promedio de la petroquímica es de 12% y en las cadenas secundarias de mayor sofisticación como los plásticos para uso farmacéutico llega a 306% y otros como textiles para el sector de la defensa llegan a 180 por ciento.  

“Son márgenes altísimos, en el mundo hay ejemplos claros de utilización de los insumos hidrocarburos para cadenas de mayor rentabilidad. Japón sería el mejor ejemplo, porque tenemos a un país que no produce ni crudo ni gas, pero es el líder regional en exportaciones de productos terminados de alta especialización”, dijo.  

Por tanto, es momento de que en el país se tomen decisiones pragmáticas, como el uso de la capacidad petroquímica instalada y en desuso que genera costos fijos para la empresa productiva del Estado, además de alianzas con productores privados, como en la planta de polietilenos Etileno XXI de Coatzacoalcos, cuya problemática de falta de gas etano se solucionaría mediante una terminal de importación de este insumo en la entidad, junto con el aumento en la producción de gas natural de Pemex, concluyeron.

karol.garcia@eleconomista.mx

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