Grupo Oro Comunicaciones, matriz de la legendaria Radio Oro de Puebla, se acerca a su 70 aniversario en la industria de la radiodifusión mexicana. Desde su origen en la 1170 AM y ahora en la 92.9 FM como piloto y las estaciones hermanas 94.9 y 99.9, la compañía repite mensualmente en el top cinco de las marcas más escuchadas de la radio poblana, allí donde los grupos nacionales ACIR, Radio Fórmula y MVS también pelean fuerte por su participación con sus emisoras locales, con “Exa”, por ejemplo, contra el “Radio Disney” de esta empresa radiodifusora.

Radio Oro, como el público poblano identifica más a la compañía y como toda la industria local, también padece la plaga de la radio pirata que se lanza al aire de toda Puebla, hasta sumar 134 estaciones ilegales repartidas en 217 municipios y confirmadas al 16 de agosto pasado, y con una diversidad de pruebas documentales que dan cuenta de ello.

Una radio pirata sacó del aire un día a “Oro 94.9, sólo hits” y todavía complicó sus transmisiones a lo largo de cuatro años. La respuesta del Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT), según este concesionario, fue una recomendación para presentar una queja institucional. Hay más: la compañía acusa que el IFT cometió el patinazo de entregar, quitar y volver reasignar frecuencias de FM en un mes, todo un engorro que puso en vilo a los radiodifusores poblanos, que de un día para otro tuvieron que salir del aire y volver al siguiente, pero desde otra señal radioeléctrica y lo que eso significa en gastos y problemas técnicos.

Radio Oro rechaza estar en contra de las estaciones piratas, sean religiosas, indígenas o de otros contenidos. Sólo pide a las autoridades su atención a esta problemática que genera interferencias y pulveriza el mercado de los spots publicitarios. Radio Oro cuenta además que existen estaciones piratas usando nombres de marcas reconocidas, como “La Patrona”, “La Indomable”, “La Consentida”, “La Fregona” y “La Z”. En Puebla capital también destacan las religiosas “Radio Corazón”, “Radio Belén”, “MIR Radio”, “Radio Vida” y “Radio Victoria” que transmiten sin permiso, pero que ninguna autoridad apaga.

Miguel Cruz Chao, director de operaciones y calidad de Grupo Oro Comunicaciones, ejemplifica que en materia técnica una estación pirata radia hasta 24 kilómetros desde su antena, un territorio suficiente como para cubrir toda Puebla capital y otras, inclusive, envían la señal desde Oaxaca o Veracruz por Internet para radiodifundirse a los aires poblanos desde la antena física. “Es lo sorprendente de la radio ilegal”, dice Cruz Chao en esta entrevista con El Economista.

—¿La denuncia que hace aquí sobre una creciente radiodifusión pirata en Puebla es parte de un clamor generalizado de su industria o es más por una experiencia propia que afectó sus transmisiones?

—Son ambas. Apoyamos en bloque a la CIRT en nuestras quejas por esas radios, como también lo hacen los otros grupos con concesión. Y en nuestro caso particular, la radio pirata, religiosa y de otros formatos, nos ha afectado considerablemente. En Huejotzingo, la estación pirata 94.7 MHz afectó la señal de nuestra estación 94.9 MHz por cuatro años y nadie en la autoridad hizo nada.

Desde julio del 2017 detectamos que nuestra señal caía por las interferencias de una estación que se hacía llamar “Enlace” y que transmitía con una potencia muy por arriba de lo técnicamente permitido. Desde entonces la empezamos a reportar con videos y con las llamadas que nos hacían las personas de que no se escuchaba bien la estación o que ni siquiera se podía sintonizar. Hicimos todo lo que teníamos que hacer: abogados, CIRT, IFT, pero esa estación siguió más tiempo en el aire allí.

—Si la autoridad no pudo bajar esa señal en cuatro años, ¿qué pasó para que la apagaran o todavía sigue al aire de manera intermitente?

—La bajó la gente. Fue así: después de que la CIRT denunció que había una estación con esas condiciones allí, quedó el precedente de denuncia y al parecer, a algunos se les olvidó. Hasta que, por las elecciones de junio, ocurrió que un candidato se estaba entrevistando allí y hablaba de corrupción. Eso era una gran incongruencia y entonces este hecho hizo mucho eco, porque salió en televisión y en periódicos de aquí. Y como el dueño de esa estación era también dueño de un periódico, la apagaron o dicen que la apagaron, pero ya no hemos tenido más interferencias.

Pero mientras, se aventaron cuatro años tirando señal al aire, afectando nuestro negocio y sin que nadie dijera nada y el IFT no hizo nada. Por eso quiero pensar que fue la gente la que apagó la señal, que fue la presión social la que apagó esa señal, porque cómo era posible que un candidato a un puesto de elección popular va a hablar de transparencia a una radio ilegal. La opinión pública apagó esa señal, porque hasta borraron todas sus páginas de Internet y esperamos que no vuelvan a salir.

—Usted nos comparte una glosa con datos de 134 supuestas estaciones piratas operando por todo Puebla; incluso, digamos, se leen nombres y apellidos… ¿Cómo confirma que son ilegales? ¿Cómo reunió toda esta data y qué le ha respondido la autoridad?

—Este es un trabajo que no sólo reunimos nosotros, sino todos los concesionarios establecidos que en algún momento nos hemos visto afectados en las poblaciones donde transmitimos. Nuestros colegas de Radio Rama, por ejemplo, con ellos nos apoyamos en esta tarea.

Es muy fácil darse cuenta de que son piratas: no tienen siglas, transmiten con parámetros distintos a los establecidos o porque no están instalados en zonas definidas para, por ejemplo, instalar las antenas. Y tampoco aparecen en el Registro Público de Concesiones del IFT y si les preguntan directamente, dicen que su concesión está en trámite, que legalmente no debe ser así. Al 16 de agosto de este año, ninguna de todas esas frecuencias aparece en el registro federal. Lo checamos casi a diario.

Nosotros hemos ido armando esa base, con base en lo que hemos logrado monitorear y con base en las interferencias que la gente nos reporta, y porque ellos, los ilegales, también lo suben a Facebook, porque ocurre también que transmiten simultáneamente en aire y por Internet.

La CIRT siempre está quejándose con el IFT, pero el IFT dice: “métete a tal página y repórtala”, pero no pasa nada todavía y entonces nos quedamos con un sentimiento de si les habrá llegado el reporte y si le habrán puesto atención. El IFT dice que ha apagado 60 estaciones en todo el país, pero si aquí hay más de cien, qué podemos pensar.

—¿Sospecharán los radioescuchas que son estaciones piratas todas esas que oyen en su radio?

—No creo o lo dejan pasar, y no es su tarea verificar. Aparte, muchas de esas estaciones ilegales ya tienen marca, están bien posicionadas y cobran paquetes de spots por 1,500 pesos al mes y llegan a pagar 1,000 pesos de luz. ¿Es negocio entonces para ellos? Hay algunas con infraestructura que sorprende, porque todos nos imaginamos que las radios piratas se esconden en la sombra, tras la cortina, pero no es así, porque en Amozoc hay una estación que hasta unidad móvil y botarga tiene. En Cholula, la hija del dueño de una pirata se va a hacer remotos en talleres, pulquerías, paleterías… en todos los negocios de por ahí y genera identidad. Se hizo tan famosa, que aprovechó esa fama para lanzarse de candidata. No ganó, porque iba por Fuerza por México.

Algunas de esas estaciones tienen buenos programas, buenos locutores y hasta buenos anunciantes. Todo eso debería ser una reflexión para el gobierno, de que si existe este fenómeno, legalicemos. La radio tiene cien años y todo mundo dice que ya nadie escucha radio, pero esto es Puebla, no es CDMX y está este fenómeno que dice que aquí hay gente que quiere escuchar radio en sus aparatos, aunque, ojo, estas sean ilegales.

—Si el IFT, como dice, presta poca atención, qué pasa con las demás autoridades. Aun con poco margen legal de acción, ¿los ayudan con algo?

—Tampoco hacen mucho. Pienso que muchas de estas estaciones se dieron cuenta de que el gobierno actual no las va a apagar. Todavía con Peña Nieto vimos más acción y este gobierno ha dicho que permitirá a las radios religiosas también. Entonces está pasando que todas estas estaciones difunden información positiva sobre la 4T, como manera para sentirse protegidas.

Por su parte, la gente las ve con arraigo y sus anunciantes también. Pasa que “La Máquina” tiene más anunciantes en Chignahuapan, que una de las estaciones establecidas legalmente en Puebla capital y hay poblados donde el mercado de spots se ha pulverizado tanto, que he llegado escuchar venta de spots por 20 pesos. La gente siente suyas esas estaciones y son muy accesibles en tarifas, porque hasta se anuncian los negocios de muy escasos recursos y ellas, para tener el apoyo de la gente, regalan juguetes, teléfonos o despensas y van haciendo así una identidad, quizá pensando que si viene el IFT a apagarlas, la gente va salir a defenderlas, que lo van a impedir.

—El grueso de estas supuestas 134 estaciones ilegales, ¿dónde se ubican? ¿Están por todo el estado o existe un área donde su presencia es mayoritaria?

—Muchas de ellas están en la zona roja del huachicol, allí en Acatzingo, Tepaca y Tecamachalco, y pudiera ser que están protegidas por gente del huachicol. En San Salvador están otras más y son más que las establecidas. En Tlacotepec un político tiene cinco estaciones clandestinas y en Ciudad Serdán, la única estación legal es la “Ke-Buena”, pero pasó que se le fue su cuerpo de locutores a trabajar a una estación pirata porque les pagaron más. El radiodifusor allí está que se muere, porque no podía pagar más; porque nosotros pagamos veinte mil cosas que el IFT nos pide y las tarifas de los spots no están dando más: hay, entre los establecidos, quien ya cobra 300 pesos por un spot; eso permite poco para nosotros, no compensa los gastos. Es el enojo de los radiodifusores y quizá convendría más legalizarlas.

—Pero recordará usted que la legislación vigente sólo permite que para conseguir una estación de radio, el interesado debe comprar una ya establecida o entrar en concurso de licitación, cuando esto ocurra.

—Por la subasta o por el mercado secundario… Sería primero que las apaguen y ya que quede libre, la concursen y la ganen para volverla a echar al aire. Eso pasó en Cholula: los de allí incurrieron en un delito con la pirata, pero hicieron el proceso que se les indicó y la apagaron, la concursaron y la ganaron, pero como social o comunitaria. Pero aquí, en general, pasa que si ya las estás comercializando, ¿cómo te vas a querer regularizar para ser una social? No hay incentivo.

El IFT ya sacó un programa de regularización, para que puedan entrar al mercado muchas organizaciones. Pero muchas de ellas ya tentaron el dinero del diablo y quieren que sus estaciones sean comerciales; no van a dejar que sus señales se vuelvan sociales, indígenas o comunitarias cuando sean regularizadas y no van a querer permitir que el IFT les acorte su potencia o cobertura que hoy tienen; no sé cómo van a ceder y no es privativo de Puebla. Muchas también tendrán años queriendo ser legales, pero saben que así, como se ven las cosas ahora, les conviene ser más ilegales. Este es un fenómeno que debe estudiar bien el IFT, Gobernación, Presidencia. Nosotros lo único que estamos buscando es que nos hagan caso. Puebla tiene estas cien estaciones piratas… ¿cuántas más habrá en Veracruz, Oaxaca y sobre todo, Chiapas?

—Quedan pocos días para presentar manifestaciones de interés por nuevas frecuencias de radio AM/FM, ¿tiene Radio Oro interés por alguna señal dentro o fuera de Puebla?

—Estamos estudiando la Licitación IFT-8. Conviene en Serdán y Zacatlán. Es posible que la estación de Zacatlán llame la atención de muchos grupos importantes. Estamos viendo cuál podría ser comercialmente viable, aunque no lo hemos sometido todavía a consideración. Estamos haciendo reflexión si conviene o no conviene entrar más a un mercado donde están con mucha fuerza las estaciones ilegales y quitando a la mala el negocio. Pensamos que la IFT-8 también está diseñada para que los que tengan una señal ilegal concursen por una concesión y entonces no tengan motivo para seguir con la estación ilegal y la apaguen. Hoy, el mercado está muy difícil.

—¿Cómo podría ejemplificar el mercado radiofónico poblano en el que ahora los ilegales también roban publicidad a los establecidos?

—En Puebla, la población creció en diez años de 1.6 a 2.7 millones de habitantes, pero al final las audiencias se mantienen igual. Esas casi no crecieron, porque no reflejan el crecimiento de la población. Hoy tenemos Internet y distintas plataformas de entretenimiento y si sumamos que éramos diez estaciones de FM y nueve de AM, y que luego dieron otras siete FM, entonces la audiencia se fragmenta. La oferta crece con la banda más ampliada y con las radios piratas. La gente escucha ahora a los establecidos, los que ya estábamos, los nuevos establecidos que migraron de AM, más los piratas, entre religiosos y otros formatos. Entonces sí hay un impacto en el mercado y especialmente para los establecidos legalmente.

El mercado aquí se ha puesto terrible. Cómo es posible que una estación pirata esté radiando en la capital de Puebla y nadie haga nada. Eso refleja el tamaño del problema y la omisión de la autoridad. No estamos en contra de que esas radios transmitan, sino de su ilegalidad. Si la gente los escucha, es porque aportan algo, pero todos debemos jugar con las mismas obligaciones y oportunidades.

 

 

@NLucasB.