Lectura 4:00 min
La moda de Michael Kors y Marc Jacobs
Dos de las marcas globales lanzan sus diseños primavera-verano 2019 con sorpresas retro y sobrecargados.

Nueva york. La industria de la moda estadounidense está desesperada por encontrar molienda fresca para su molino.
Los representantes de la moda que se encuentran a lo largo de la Séptima Avenida de Nueva York están dando a conocer en los últimos días sus nuevas ideas, y a través de ellas, intentan detonar pasiones por las marcas que determinan el estilo de vida de sus consumidores.
Su aportación también está generando una emoción estética poco ortodoxa con el objetivo, posiblemente, de impedir una reflexión sobre la habilidad en la elaboración de los diseños y, en especial, sobre el verdadero mensaje de sus creativos.
Uno de los modelos estelares lo presenta la famosa marca Gypsy Sport, con el que el diseñador Rio Uribe cubrió los pezones de las modelos con conchas de mar y lo llamó “moda sustentable”.
El diseñador Telfar Clemens ofrece camisetas y jeans de Budweiser conformados con trozos gigantes de tela cortada, una idea que se ha convertido en vanguardia.
Claro, algunas de las ideas son deliciosamente cursis. Y esto ocurre con diseños que sólo para los propios creadores tienen un significado en particular, generalmente incomprensible para la mayoría.
La industria está proyectando a diseñadores galardonados emergentes como maravillas creativas e iconoclastas, aunque muchas de sus ideas aún necesitan tiempo para marinar.
Dar voz a comunidades marginadas
La moda claramente está hambrienta de una generación futura de diseñadores que cultive a los consumidores y que colabore a construir un sector duradero.
En el transcurso de esa búsqueda, la industria tiene la responsabilidad de considerar a los diseñadores y sus puntos de vista que no han sido tomados en cuenta durante los últimos años. Ya sean diseñadores negros o los que trabajan con comunidades marginadas.
La moda ya no puede darse el lujo de marginar a determinadas demografías.
¿Quién se asegurará de que el ecosistema de la moda tenga una saludable diversidad? Hay esperanzas en marcas como Monse y Mansur Gavriel y, después de sus primeras presentaciones formales, Christopher John Rogers.
Ejemplos de fracasos sobran: el viaje tumultuoso durante una década de Marc Jacobs o la bancarrota que descarriló en alguna ocasión a Michael Kors. Hoy, Jacobs es una fuente confiable de energía creativa. Y Kors es un negocio de miles de millones de dólares.
El miércoles de la semana pasada, Jacobs mantuvo a su audiencia esperando 90 minutos en la cavernaria Park Avenue Armory debido a que no había llegado toda la ropa. Sin música, el único ruido fue el murmullo silencioso de los invitados que se resignaron a esperar como lo hace un grupo de comensales hambrientos al hacer fila en un restaurante de cinco estrellas que se niega a las reservaciones.
Retro sobre retro
Kors, gigante financiero cuyas bolsas cuelgan de las muñecas y de los hombros de miles de mujeres trabajadoras, se une a un mercado de vida soleada, feliz y playera.
La artista Christina Zimpel diseñó las pinturas de colores infantiles para el espectáculo de Kors, que se desarrolló en un edificio con ventanales enormes al borde de un muelle cerca de South Street Seaport.
Más allá de las ventanas, el cielo estaba gris y brumoso. En el interior, la pasarela de Kors rebosaba de color y brillo: telas de seda acuática, vestidos rosas de ganchillo con sombreros cubiertos por diminutos pétalos, vestidos y botas cortas estampadas con figuras caóticas, pantalones acampanados como salidos de un película de Austin Powers.
Retro sobre retro es lo que se espera en 2019.