Vialidades congestionadas, largos tiempos de trayecto, un sistema de transporte público rebasado e inseguro son algunas de las características de la movilidad en la Ciudad de México. Para un experto como Onésimo Flores, socio fundador de Jetty con una Maestría en Políticas Públicas por la Universidad de Harvard y Doctor en Planificación Urbana por el Massachusetts Institute of Technology, las herramientas para lograr una mejor convivencia urbana en la capital del país son la tecnología, la innovación y el impulso a medios alternativos de transporte.

Transporte público, realidad

Para el especialista el principal problema es la falta de apoyos económicos a sectores esenciales del transporte público colectivo de la Ciudad de México. Considera errónea la idea que se ofrece un servicio que todos pueden pagar pero sin tomar en cuenta su calidad. Es cierto que en cualquier colonia se puede acceder a un microbús cuya tarifa es muy asequible, sin embargo, genera más problemas.

“Aquí se espera que con esa tarifa baja el transportista cubra todos sus costos, entonces ni el gobierno les puede exigir, ni los transportistas pueden soportar estar renovando sus unidades, capacitando a sus choferes, dándole servicio a las unidades, etcétera. Es un problema muy complejo. La Ciudad de México tiene una de las tarifas de transporte público más bajas del mundo y eso funciona cuando vives cerca de Insurgentes y pasa el Metrobús a cada rato y es un servicio súper digno pero que tiene un subsidio del gobierno; las personas de menores recursos no viven en Insurgentes, la gente que viene de las colonias populares del Valle de México para acercarse a las fuentes de trabajo tienen qué tomar uno o dos o tres microbuses que operan en condiciones tremendamente precarias. Tenemos que romper este círculo.  Para darnos una idea de escala el Metro, Metrobus, RTP y Transportes eléctricos combinados mueven como a 5 millones y medio de viajes al día en el Valle de México; los microbuses, el transporte colectivo que no recibe subsidio y que necesita una reinvención tecnológica, mueven 12 millones de viajes. Yo creo que en donde más importa la inversión, la imaginación y la innovación es en el transporte público concesionado”. 

Alternativa al pasajero

El transporte debe responder a múltiples necesidades para que más personas opten por reducir el uso del automóvil. Esas opciones deben ser cómodas, confiables, seguras y predecibles.

“Hoy lo que tenemos es un sistema, si queremos simplificar y ver nada más el transporte público y los automóviles privados, en el que no solamente tomamos la decisión del coche sobre el transporte público con base en el tiempo de viaje sino que lamentable también tomamos esa decisión por su  lentitud, inseguridad e incomodidad. El ideal es que la gente pueda escoger entre diferentes opciones de movilidad que se acomoden a las diferentes opciones que vamos teniendo en diferentes momentos pero que todas ofrezcan la misma viabilidad en el viaje”.

Por ello, explica que en los  lugares en donde se presenta una alta densidad poblacional lo que hace más sentido es un sistema de transporte masivo. En cambio en los lugares donde los orígenes y los destinos son más dispersos y en donde no hay tanta demanda, se justifica el uso de vehículos más pequeños.

“Lo que se necesita es un sistema multimodal que permita aprovechar las ventajas de las diferentes tecnologías de transporte que existen en diferentes lugares. Es decir, no haría sentido construir un Metro en un barrio donde hay poca población pero de igual manera no hace sentido que haya una red de microbuses que compitan en lugar de complementar el sistema de transporte masivo en las zonas más alejadas de la ciudad”. 

Tecnología para optimizar

Para Onésimo uno de los principales indicadores del pobre aprovechamiento de la capacidad del transporte es el número de asientos ocupados. Por ello toma al taxi tradicional y a los vehículos particulares como ejemplo. “El número promedio de pasajeros por vehículo en la Ciudad de México es de menos de 1.5, entonces eso quiere decir que si todos los vehículos en promedio tienen cinco asientos, podríamos triplicar la capacidad del número de personas que se trasladan si pudieras resolver el problema de coordinación”.

Es en este punto en donde recalca el papel que tiene la tecnología para reducir lo que él define como la fricción asociada por compartir un vehículo y que tiene que ver con la seguridad de que el usuario no viajará con un delincuente o que esa unidad esté en buenas condiciones mecánicas, por citar algunos casos. Además resolvería el problema de la coordinación porque el usuario tendrá la certeza de que llegará a su punto de destino en tiempo y con seguridad.  El enorme potencial que tiene la tecnología es que permite imaginar un sistema que ocupe ya esos asientos vacíos.

Al uso de plataformas tecnológicas para aprovechar al máximo la capacidad actual del transporte y hacerlo con seguridad y certeza se suma el reto de reducir el impacto que tienen las emisiones de carbono del sector transporte. Por ello explica que “para aminorar los niveles de congestión no es suficiente ocupar los autos privados, necesitamos depender de un sistema que tenga mayor capacidad para trasladar gente. Los taxis o los coches privados compartidos tienen el problema de que cómo son servicios 'puerta a puerta', tienen que desviarse para recoger a cada usuario, y luego desviarse del destino final para dejar al primer ocupante. Entonces en el agregado lo que tenemos es un vehículo que estará circulando más kilómetros de los estrictamente necesarios porque el segundo ocupante no se acercó hacia donde estaba el primero, que es quien lleva el auto, sino que por el contrario, el primero tiene que desviarse y así el auto está más tiempo en operación. La evidencia que ya existe en el mercado es que sistemas como Uber Pool, por ejemplo, tienen un efecto negativo en los niveles de congestión de las ciudades. A pesar de que es más de una persona compartiendo el vehículo, los kilómetros 'en vacío' para recoger o dejar a alguien, y los kilómetros que se manejan de forma innecesaria (el pasajero no se acerca al vehículo), tienen como resultado que el nivel de congestión en la ciudad se incremente”.

Por ello el experto considera que la respuesta está en los sistemas de transporte de ruta fija de más capacidad en donde un mayor número de personas que viven en una zona específica de la ciudad, saben que tienen que caminar determinada cantidad de metros para llegar a una vía principal y abordarlo, sabiendo que no se va a desviar de la ruta óptima, “eso es lo que te da una mayor frecuencia, una mayor velocidad de viaje, mayor previsibilidad, mayor legilibilidad del sistema. Creo que todas estas soluciones de utilizar taxis colectivos con tecnología sí tienen un lugar muy importante en el futuro de la movilidad pero  no van a obviar de ninguna manera la imperiosa necesidad de transformar el sistema de transporte colectivo que tendrá vans, autobuses, trenes, etcétera y es aquí en donde hay mucho que hacer”.

 El automóvil en el futuro

Tal y como lo conocemos no existirá más en opinión de Flores, pues pasará de un posesión a una herramienta de transporte. “Yo creo que el auto va a sobrevivir sin duda, no veo un escenario en donde desaparezca. Lo que sin duda cambiará es cómo interactuamos con un automóvil. Hoy lo vemos como un activo y el automóvil muchísimo más rápido de lo que se imagina la gente se convertirá en un servicio, en acceso a un viaje. Llegará un punto en el que la gente ya no necesitará de un automóvil para poder manejar de una forma digna, segura, predecible. La versión analógica de eso es el taxi. Pero imaginemos un futuro que combine 3 tendencias que están convergiendo este momento: la tendencia a que existan coches eléctricos que sean 'costo eficientes', la promesa no cumplida todavía pero sin duda segura de que llegarán los vehículos autónomos y la posibilidad que cada vez de manera más fácil, podamos compartir viajes con otras personas. La combinación de estos tres factores, la electromovilidad, la automatización de los vehículos y el tener una flota compartida, lo que generará en un futuro cercano, serán ciudades en donde cada vehículo pueda atender a muchísima más gente que la que atiende hoy y que el impacto de nuestra necesidad de movernos por la ciudad  en el medio ambiente sea muchísimo menor. Ese es un futuro sumamente emocionante para quienes estamos inmersos en este tema; lo estamos pensando todo el tiempo”. 

Bicicleta

Un medio de transporte crucial para aliviar la aglomeración de autos y cuyo valor más significativo está en el llamado transporte de Última Milla. Para el Doctor en Planificación Urbana es la solución para que la gente pueda llegar a una estación de metro o a los puntos de acceso a vehículos de mayor alcance además de que si se agrega un sistema de bicicleta que permita rodar hasta el destino, el impacto que puede tener el transporte masivo es mucho mayor.

Señala también que hay una gran cantidad de viajes que son menores a cinco kilómetros de distancia, lo que indica que hay mucho viajes en auto que podrían hacerse sin un esfuerzo físico desmedido en bicicleta que tiene una huella mucho menor en la congestión como en el medio ambiente.

“No es que para descongestinar la ciudad tengan que pasar todos los que  usan el automóvil a bici; lo que hay que  hacer es que con un número muy pequeño de coches que se saquen de las calles la ciudad podría alcanzar condiciones de flujo continuo. Una de las barreras que hay para lograr eso es sacar al 5% o 10% de los coches de las calles en horas pico. Para que se pueda alcanzar esa cifra la bicicleta jugaría un rol fundamental”.

El tercer punto es el elemento democratizador de la bicicleta ya que es el medio de transporte de distancia media más barato, quizá solamente podría perder frente al hecho de ir caminando.

marcos.martinez@eleconomista.mx

kg